El baladre
por Julián Segarra Esbrí
La adelfa o baladre es llamada Nerium Oleander, una planta del subreino Tracheobionta, perteneciente a la división Magnoliophyta de la clase Magnoliopsida y subclase Asteridae del orden Gentianales y de la familia Apocynaceae, subfamilia Apocynoideae de la tribu Wrightieae del género Nerium, siendo también conocida con el nombre de laurel de flor, rosa laurel, trinitaria y en algunos lugares como laurel romano.
Contiene varios compuestos tóxicos e históricamente se ha considerado una planta venenosa, no obstante, su sabor amargo la hace desagradable para las personas y la mayoría de los animales, por lo que los casos de intoxicación son raros y el riesgo general de mortalidad humana es bajo. La ingestión de grandes cantidades puede causar náuseas, vómitos, exceso de salivación, dolor abdominal, diarrea con sangre y ritmo cardíaco irregular e incluso, el contacto prolongado con la savia, puede causar irritación de la piel e inflamación de los ojos y dermatitis.
Es planta nativa en las riberas de la cuenca del mar Mediterráneo y también se puede encontrar en otras zonas con flujos torrenciales, empleándose en los lugares de clima propicio como planta ornamental, tanto en zonas urbanas usada en jardines, como valla mediana de separación en autopistas o en carreteras, pero solo crece en regiones cálidas.
Posee heterósidos cardiotónicos como la oleandrina, oleandrigenina, deacetiloleandrina, con principios activos como la digitoxigenina y la gitoxigenina y flavonoides como rutósido, nicotiflorina, ácido ursólico, heterósidos cianogenéticos, incluso sustancias resinosas y glucósidos cardíacos como el neriosido, pero es la oleandrina (C32H48O9) la sustancia tóxica más importante, un glucósido con estructura esteroide muy similar tanto química y farmacológicamente a la Ouabaína y Digoxina, dos cardiotónicos ampliamente utilizados en la insuficiencia cardiaca.
Pero mi intervención epistolar es por razones históricas, ya que nos cuenta la historia que, en el año de 1808, durante la Guerra de la Independencia Española, en un campamento francés, los soldados de Napoleón asaron carne de cordero ensartando pinchos en estacas de ramas de baladre y de los doce soldados presentes, murieron ocho y los otros cuatro, quedaron seriamente intoxicados.
Otra versión más folclórica nos relata que las tropas de Napoleón, marchando por España, llegan a Andalucía con la intención de aplastar a los campesinos, pero los vecinos de la región, no les reciben con miedo, sino con sonrisas y festejos, agasajándoles con un banquete a base de cordero, jabalí, vino e incluso música.
Los soldados franceses se unieron plácidamente a los lugareños y bailaron y bebieron mientras las mujeres cocinan en el guiso las especias típicas del pueblo y mientras los soldados franceses comen, brindan y ríen, quedan aturdidos para después, caer dormidos y a la mañana siguiente, casi todos están muertos y el resto son masacrados sin armas, sin estruendosos arcabuzazos y sin cañonazos, solo usando inteligentemente la flor de la adelfa, una planta provista del veneno letal con la que los invasores perdieron su dignidad.
Este relato es inconcebible porque de haberse añadido especias o condimentos tóxicos a los alimentos, hubieran quedado todos los comensales intoxicados. Mi versión se decantaría por añadir flores de baladre al vino y durante la fiesta, las mozas del pueblo, servirían el vino tóxico a los soldados franceses y las mujeres casadas y abuelas, llenarían los vasos de vino a los vecinos lugareños anfitriones, con lo que el envenenamiento quedaría más disimulado o pasaría mejor desapercibido por los forasteros.
... y es que la historia, hay que saberla contar para ser creíble.
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