La estupidez

por Julián Segarra Esbrí


    Para exponer esta intervención epistolar, me voy a referenciar en un personaje que murió hace más de dos mil cuatrocientos años, aunque su muerte, no marcó el fin de su mensaje, ya que con el paso del tiempo, su pensamiento se ha vuelto más relevante que nunca, porque hoy, viviendo en un mundo completamente diferente al de la antigua Grecia, los comportamientos sociales que Diógenes denunciaba en su tiempo, siguen siendo los mismos en el siglo XXI. Nada ha cambiado, seguimos obsesionados con la riqueza, seguimos creyendo en el poder como si fuera una verdad absoluta, seguimos basando nuestra felicidad en la validación de los demás y la mayor ironía es que, aunque nos gusta imaginar que hemos evolucionado, seguimos atrapados en la misma ilusión de antaño.

    Si Diógenes viviera actualmente en el mundo moderno, estaría en contra de nuestro comportamiento y se reiría de nuestra supuesta evolución viendo a las personas preocupadas por su imagen en las redes sociales y haría lo mismo que hizo con los aristócratas de su época, les escupiría en la cara, vería a políticos prometiendo justicia y libertad y les preguntaría si realmente el poder sirve al pueblo, ya que siempre beneficia a las mismas personas mientas otros se endeudan por comprar cosas que no necesitan y les diría que no son diferentes a los esclavos de su época, solo que actualmente las cadenas son invisibles. Diógenes no solo humilló a los poderosos de su tiempo y si estuviera aquí ahora haría lo mismo con los líderes, empresarios y celebridades de hoy, porque aunque han cambiado los nombres, el juego sigue siendo el mismo, los ricos siguen dominando a los pobres, los poderosos siguen controlando a las masas y las personas, siguen sin cuestionar las reglas que gobiernan su vida.

    El cinismo del tal Diógenes con la filosofía que desafió el sistema, no lo encontraremos en libros ni tratados filosóficos, pero su manera de vivir inspiró un movimiento que sigue influyendo en toda la historia hasta el día de hoy, el cinismo de la corriente que él fundó, fue el primer gran rechazo al sistema, la filosofía que se preocupaba por definir el bien, la justicia y la moralidad, con su llegada acreditó una sociedad llena de preguntas absurdas. Cuando las personas siguen actuando como idiotas, el cinismo no trata de construir una sociedad mejor, solo demostrar que la sociedad es en sí misma una gran farsa y aunque hoy en día el cinismo ha cambiado de significado, su esencia sigue presente en muchos movimientos contraculturales, desde los estoicos que adoptan su idea de la autosuficiencia, hasta el anarquismo que rechaza toda forma de autoridad impuesta y con su actitud, Diógenes fue el primer gran rebelde de la historia y aunque su nombre no es tan famoso como el de Platón o Aristóteles, su influencia sigue viva en la lucha contra las estructuras que nos mantienen esclavizados y aunque se puede aplicar su filosofía, la verdadera realidad sería averiguar si es posible vivir como Diógenes en el mundo moderno del siglo XXI, al no detenernos a pensar si podemos realmente deshacernos de nuestras necesidades y vivir sin depender del sistema establecido, si podemos rechazar la validación de los demás, cuando todas las personas parecen obsesionadas con la imagen y el estatus, ¿podemos abandonar las reglas sin sufrir las consecuencias de una sociedad que hostiga a quienes se salen del molde?, puesto que Diógenes vivía como un perro, dormía en la calle y se reía de las personas que lo despreciaban, pero si alguien intentara hacer lo mismo hoy, probablemente terminaría siendo arrestado, medicado y completamente ignorado.

    Pensemos que no se trata de vivir exactamente como él, sin embargo, su mensaje sigue teniendo el mismo valor para aplicar su forma de pensar en nuestra realidad, cuestionar lo que nos dicen que debemos hacer, no depender del dinero más de lo necesario, no buscar validación en redes sociales ni en la opinión de extraños, no respetar a la autoridad solo porque lleva un traje y tiene un título, se trata del legado de un modelo de pensamiento, no de un conjunto de reglas en un mundo donde cada vez es más difícil pensar por uno mismo y por ello, su filosofía sigue siendo una de las pocas herramientas reales para escapar de la manipulación, aunque nos agrada pensar que estamos lejos de la antigua Grecia y que ahora tenemos más conocimiento, más tecnología, más control sobre nuestras vidas, pero lo cierto es que seguimos cayendo en las mismas trampas que Diógenes denunciaba hace siglos, seguimos creyendo que el dinero nos dará la felicidad, seguimos buscando estatus y reconocimiento, continuamos aceptando reglas sin sentido y por eso, aunque su cuerpo físico desapareció hace más de dos milenios, su legado sigue hoy y aquí, sigue en cada persona que se atreve a cuestionar la sociedad, sigue en cada acto de rebeldía contra lo absurdo, sigue en cada mente que se niega a ser esclava de ideas impuestas, sin observar como su herencia puede influir en la sociedad, la cultura y la filosofía moderna, porque si bien el mundo ha cambiado, su mensaje sigue siendo una cachetada de realidad que la humanidad aún no ha querido aceptar, sigue humillando a la sociedad moderna y al transcurso de más de dos mil años, lo más irónico es que sus críticas siguen siendo igual de válidas y si pudiera ver nuestro mundo actual, probablemente se reiría hasta quedarse sin aliento.

    Todo lo que él despreciaba en la sociedad de su época, hoy es aún peor, la estupidez de las personas que se creen importantes y que Diógenes humillaba aún siendo los poderosos en Atenas, actualmente no necesitaría rebuscar nada para hacer lo mismo, porque vivimos en un tiempo donde cualquiera se cree que es importante. Antes los líderes eran reyes o generales pero hoy, un influencer con muchos seguidores en Internet, se cree que es un dios y Diógenes, viendo a las celebridades modernas, les haría la misma pregunta que le hizo a Alejandro Magno, si no tuviera su fama, su dinero o su poder, ¿seguiría siendo alguien?, porque realmente, el estatus sigue siendo una ilusión; hoy más que nunca, el valor de alguien se mide en apariencias pero Diógenes, nos dejó muy claro que si nuestro valor depende de algo externo, entonces nunca tendremos realmente valor.

    La gente sigue esclavizada por cosas innecesarias mientras Diógenes vivía con lo mínimo y no porque no tuviera opciones, sino porque entendía que cuanto más tienes, más esclavo eres. Hoy en día, las personas viven endeudándose para comprar el último iPhone, trabajando muchas horas diarias para pagar una casa que, por otro lado, casi nunca disfrutan, están obsesionadas con marcas, autos y ropa solo para impresionar a extraños y probablemente, diría lo mismo que hace dos mil cuatrocientos años, ¿para qué acumular tantas cosas si igual nos vamos a morir?. Nos creemos civilizados pero realmente seguimos atrapados en una carrera absurda por poseer más trastos, puesto que no necesitamos nada para ser felices y teniéndolo todo, nos seguimos sintiéndonos vacíos.

    Lo absurdo de las redes sociales del mundo digital, haría explotar la cabeza del tal Diógenes viendo a millones de personas publicando fotos perfectas para aparentar felicidad, obsesionadas con la cantidad de likes o me gusta que reciben, construyendo una identidad falsa en Internet mientras en la vida real están perdidas, puesto que para Diógenes, la opinión de los demás no valía nada, hoy se vive pendiente de lo que otros piensan de uno y aquí está la ironía, nunca en la historia, la validación social había sido tan importante y nunca antes, las personas se han sentido tan solas. Probablemente, Diógenes tomaría un teléfono móvil, entraría en Instagram y preguntaría que si necesitas la aprobación de extraños para sentirte bien, ¿eres libre o eres su esclavo?.

    Diógenes, odiaba a las personas que solo repetían lo que otros decían sin pensar por sí mismas, sin cuestionar nada y hoy, la situación es peor cuando millones de personas forman sus opiniones basándose en titulares de twitter, siguen modas y tendencias sin preguntarse si tienen sentido, defienden ideas solo porque se supone es lo políticamente correcto mientras vemos como la gente se insulta en Internet sin siquiera entender de qué están discutiendo, ¿pensamos por nosotros mismos o solo estamos siguiendo al rebaño?.

    El miedo a la muerte sigue dominando a la humanidad y se puede vivir sin temer a la muerte, pero la sociedad moderna vive aterrada por ella, hace de todo lo imaginable para ignorarla, para vivir obsesionados con la juventud eterna, evitamos hablar de este tema, intentamos distraernos con entretenimiento sin sentido y Diógenes, nos dejó claro que el problema no es morir, sino que la mayoría de las personas viven con miedo, atrapadas en preocupaciones sin importancia, mientras hoy seguimos sin entender esa lección y eso es lo más triste, pensamos que la civilización ha avanzado, que somos más inteligentes que la gente de la antigüedad, pero la verdad es que seguimos siendo igual de estúpidos. La única diferencia es que ahora tenemos más tecnología para disfrazarlo sin percatarnos de la inocentada, sin aprender nada de algo en los dos mil años transcurridos y en una sociedad actual más decepcionada o tal vez más divertida.

    La filosofía cruel de su legado y como sus ideas siguen vivas por su rebeldía, son el no escribir nunca un solo libro y sin fundar nunca una escuela, ya que nunca intentó que su pensamiento quedara registrado en la historia, su herencia sigue viva después de tantos años, pero nunca sabremos si fue un filósofo o un insurrecto, porque si observamos a los grandes filósofos de la antigüedad, nos encontramos ante sistemas de pensamiento estructurados, así Platón, construyó la teoría de las ideas, Aristóteles, organizó el conocimiento en lógica, ética y política, Sócrates, estableció la base del pensamiento crítico pero Diógenes, no creo teorías complicadas, no buscaba construir un sistema filosófico, no intentaba convencer a nadie con argumentos sofisticados, él vivía su vida y ese fue su verdadero impacto. Mientras otros discutían sobre como debía ser la sociedad perfecta, Diógenes, simplemente ignoró la sociedad por completo, su razonamiento no estaba escrito en libros, sino en sus actos y paradójicamente por ello pasó a ser inmortal y aunque nunca se preocupó por fundar una escuela de pensamiento, sus ideas dieron origen a una de las corrientes filosóficas más influyentes de la historia como el cinismo, que en su versión original, era solo desconfiar de todo, un llamado a rechazar lo innecesario y vivir de acuerdo con la naturaleza, no depender de riquezas, no necesitar validación externa, no seguir reglas absurdas solo porque otros lo hacen, Diógenes fue el primer gran cínico y su forma extrema de vivir, fue el modelo para los que vinieron después, su discípulo más famoso, Crates de Tebas, renunció a su fortuna y vivió en la pobreza para seguir su ejemplo y además, su pensamiento influyó en los estoicos como Séneca y Epicteto, que tomaron muchas de sus ideas sobre la autosuficiencia y la indiferencia ante el sufrimiento, pero nunca sabremos si era un sabio o simplemente un alborotador.

    Aquí es cuando la historia se vuelve interesante, porque muchos historiadores se han preguntado si Diógenes, era realmente un provocador que solamente quería llamar la atención y a primera vista, parece más un trol de la antigüedad, alguien que simplemente disfrutaba burlándose de la sociedad y desafiando las normas, pero si miramos atentamente más de cerca, vemos que cada una de sus acciones tenía un propósito, no insultaba porque sí, insultaba para despertar a las personas, no rompía reglas por rebeldía, lo hacía para demostrar que eran absurdas, no despreciaba el poder solo por despreciarlo, lo hacía porque entendía que era una ilusión. Su método era extremo, pero su mensaje era claro y profundo, no necesitas nada de lo que crees necesitar, no debes respetar a quien no merece respeto, no tienes que vivir de acuerdo con lo que la sociedad espera de ti y eso no es solo rebeldía, es filosofía en su forma más pura y además, contra los filósofos serios, porque uno de los mayores conflictos de Diógenes era con los filósofos que se creían superiores, puesto que no soportaba a los académicos que hablaban de la verdad desde la comodidad de sus escuelas, sin experimentar nada en la vida real, por eso ridiculizaba a Platón cada vez que podía y cuando Platón intentó definir al ser humano como un animal bípedo sin plumas, Diógenes le llevó un gallo desplumado a su academia y dijo: Aquí tienes tu definición de hombre. Cuando Platón hablaba de su teoría de las ideas y de un mundo perfecto, Diógenes se reía y le decía: Yo no veo ninguna idea, solo veo tonterías. Para él, el pensamiento no debía ser solo teoría, sino práctica, no debía quedarse en libros, sino aplicarse en la vida real y esa es la razón por la que su legado sigue siendo tan fuerte, grande y perpetuo.

    El impacto de Diógenes en la sociedad moderna actual llena de falsos sabios, de personas que cree que el leer mucho los hace inteligentes, personas que repiten frases profundas sin aplicarlas en su vida, influencers de desarrollo personal que hablan de vivir libremente mientras dependen de la aprobación de sus seguidores, Diógenes los destruiría en segundos, porque nos enseñó que no importa cuanto sepas, ya que si no vives de acuerdo con lo que dices, no eres más que un farsante y aquí es donde su legado sigue siendo un tortazo de realidad, porque ¿realmente necesitamos todas las cosas por las que nos preocupamos?, ¿realmente vivimos según nuestras propias reglas?, o solo seguimos las que nos imponen los demás, ¿realmente estamos pensado por nosotros mismos?, o solo repetimos lo que otros dicen. Diógenes nos obliga a confrontar estas preguntas y eso es lo que lo convierte en uno de los filósofos más importantes de la historia. ¿Qué podemos aprender hoy de Diógenes?, puesto que su comportamiento no es fácil de seguir, no todos podemos renunciar a todo y vivir en la calle, no todos podemos desafiar a los poderosos sin miedo, no todos podemos ignorar completamente la opinión de los demás, pero podemos aprender algo fundamental si reconocemos que cuanto menos dependas de las personas y de las cosas materiales, más libres somos y eso no significa que tengamos que volvernos mendigos, solo significa que debemos preguntarnos si realmente necesitamos todo lo que creemos necesitar, incluido el miedo a la opinión ajena, menos dependencia del dinero, menos apego a las expectativas sociales y de tal suerte, aprenderemos que la verdadera libertad no es hacer lo que quieras, sino no necesitar nada para ser feliz y si Diógenes tenía razón, pensamos que su filosofía sigue siendo válida hoy en día.

    El choque del comportamiento de Diógenes en la cultura y la sociedad moderna con su pensamiento, sigue presente en la actualidad, incluso cuando la mayoría de las personas no se da cuenta, ya que su forma de ver el mundo, ha influido en movimientos filosóficos, políticos, artísticos e incluso en la cultura popular y lo más curioso es que, aunque muchos lo han citado o reinterpretado, pocos han sido tan radicales como él viviendo por la salvación del alma, siendo el primer gran outsider de la historia, era alguien que no solo criticaba la sociedad, sino que decidió no formar parte de ella, de ahí que hoy su espíritu se refleja en muchos movimientos contraculturales, el minimalismo que rechaza el consumismo y apuesta por vivir con lo mínimo, el anarquismo que cuestiona las estructuras de poder, el punk que desafía las normas impuestas por la sociedad, el pensamiento antisistema que rechaza ciegamente la autoridad y el conformismo, siendo el primer rebelde real y no porque buscara la fama o la influencia, sino porque su vida misma era una provocación y si viera a los rebeldes modernos, seguramente se reiría de muchos de ellos, porque actualmente ser contracultural, se ha convertido en una moda y aunque muchos rechazan la sociedad, siguen dependiendo de ella, critican el sistema, pero viven de él, desafían la autoridad, pero solo dentro de los límites que se les permiten y en cambio, Diógenes no jugaba a ser rebelde, él realmente se salió del sistema.

    Su convulsión en la filosofía del cinismo al estoicismo, lleva a fundar la Escuela Cínica que rechazaba el materialismo y la hipocresía social, pero fue un pensamiento que no se quedó en ocurrencia, influyó directamente en otra gran corriente filosófica, el estoicismo, los estoicos como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio que tomaron muchas ideas del cinismo, las adaptaron a una vida más funcional, mientras Diógenes decía: Deshazte de todo y vive sin preocupaciones, los estoicos decían que no hay que renunciar a todo, o tampoco depender de nada. Hoy en día el estoicismo es una de las filosofías más populares y se ha convertido en una herramienta para la disciplina, la resiliencia y el control emocional, pero Diógenes criticaba al capitalismo y rechazaba la riqueza y el poder, mientras actualmente su pensamiento es usado como base para muchas críticas al capitalismo, vivimos en una era en la que las personas trabajan casi sin descanso para pagar cosas que no necesita, personas de una sociedad que define su valor por el dinero que tiene y se siente vacía a pesar de vivir en la era de mayor abundancia y Diógenes nos demostraría que nada de ello es necesario. El consumismo moderno nos hace creer que la felicidad viene de acumular más cosas, pero Diógenes nos enseñó que cuanto menos necesitas, más libre eres y eso no significa que el capitalismo es malo, no lo es necesariamente, solo nos invita a preguntarnos si estamos usando la riqueza para mejorar nuestras vidas o nos estamos volviendo esclavos de ella.

    En nuestra cultura popular actual, lo más irónico es que a pesar de despreciar la fama, Diógenes es un personaje icónico en la cultura, lo hemos visto en películas comics, novelas y series en la que los cínicos aparecen como figuras de resistencia contra el poder,  viven alejados del sistema sin preocupaciones materiales, adoptan una visión del mundo que recuerda mucho a la del filósofo griego, con lo que el mensaje de Diógenes ha sido reinterpretado de muchas formas, pero la esencia sigue ahí, no necesitas nada para ser libre, no sigas el juego de la sociedad, piensa por ti mismo. Podría existir un Diógenes hoy en día y si Diógenes estuviera vivo ahora, no podría vivir como lo hizo en su época, puesto que la sociedad moderna no tolera a los que no siguen sus reglas, si un Diógenes intentara vivir hoy en la calle, lo arrestarían inmediatamente, si se burlara de los poderosos en público, lo censurarían, si insultara a los filósofos modernos, lo cancelarían en las redes sociales, sería un Diógenes que no encajaría en un mundo donde todo está regulado, monetizado y controlado, pero su mensaje sigue siendo igual de poderoso porque aunque no podamos vivir como él, sí podemos aprender de su comportamiento, puesto que no necesitamos tantas cosas como creemos, no es necesario seguir las reglas solo para tener la aprobación de los demás y si aplicáramos solo una pequeña parte de su pensamiento, ya estaríamos un paso más cerca de la verdadera libertad. Nos dejó un desafío, nos obligó a preguntarnos si realmente estamos viviendo como queremos o solo estamos siguiendo un guión y esa pregunta sigue siendo igual de incómoda al paso de los años, porque la gran ironía es que la humanidad ha avanzado en tecnología, pero sigue atrapada en los mismos problemas buscando el poder de validación y de riqueza, seguimos siendo esclavos del miedo de la opinión ajena, del deseo de encajar, continuamos sin entender lo que realmente significa ser libres y por ello, Diógenes sigue siendo relevante y hasta que la humanidad aprenda la lección, su mensaje seguirá siendo una patada de realidad.

    La parte de la filosofía de Diogenes que más necesitamos y a pesar de todo la humanidad nunca cambiará, después de recorrer por toda su vida y ver como desafió la riqueza, el poder, las reglas sociales y la hipocresía de las personas, explorar su pensamiento y observar su vigencia actual, influyendo en la filosofía, la cultura y la contracultura, hasta llegar a razonar el por qué la humanidad sigue igual, después de dos mil cuatro cientos años continuando siendo esclavos del dinero, de la validación, del miedo al qué dirán, atrapados en el mismo juego absurdo que él trató de exponer, encontramos la respuesta en la más simple e inaceptable razón, las personas no quieren ser libres.

    Diógenes vivía sin nada, no tenía casa, no tenía dinero, no tenía preocupaciones, era completamente libre, pero la mayoría de las personas no quiere eso, dicen que quieren ser libres, pero en realidad quieren comodidad, quieren tener una libertad que no implique renunciar a sus lujos, a sus relaciones, a su imagen, quieren estabilidad, una vida sin incertidumbre y aquí está la trampa, cuanta más seguridad buscas, menos libre eres. Las personas prefieren seguir las reglas porque es más fácil, prefieren encajar porque es más cómodo, prefiere depender del sistema porque le da la ilusión de control, pero Diógenes, lo entendió antes que nadie y por eso, cuando la gente lo veía y le preguntaba por qué vivía como un perro, él simplemente respondía: Porque al menos los perros no son esclavos de mentiras, ya que la estupidez, es parte de la naturaleza humana y cuando Diógenes buscó un hombre honesto, nunca lo encontró, porque la hipocresía no es un accidente, es parte de nuestra programación. Los humanos siempre han sido así, creen que saben más de lo que realmente saben, siguen tradiciones sin preguntarse por qué, se obsesionan con las cosas sin importancia y descuidan lo esencial y lo peor, se sienten cómodos siendo así. Diógenes insultaba a la gente en la calle esperando que despertara, pero la mayoría se ofendía en lugar de reflexionar y hoy, pasa lo mismo, si le dices a alguien que está desperdiciando su vida persiguiendo cosas inútiles, te va a agradecer la lección, no se va a enojar, pero va a buscar excusas, va a llamarte loco negativo, extremista, porque la verdad incomoda y las personas prefieren la comodidad antes que la verdad, por eso, aunque Diógenes nos haya dejado todas sus lecciones, la humanidad sigue igual, ya que el sistema social necesita que la gente sea estúpida y aunque Diógenes nos enseñó que el poder es una ilusión, que los ricos y poderosos solo existen porque las otras personas les dan ese poder aunque el sistema no funcione. Si las personas empezaran a pensar por sí mismas y desde que nacemos no nos entrenaran para no cuestionar nada, cuando nos enseñan a respetar la autoridad sin preguntar si lo merece, nos hacen creer que la felicidad está en el dinero, el éxito y la fama que nos contrarresta que seguir las reglas es lo correcto aunque no tengan sentido, comprobaríamos que el sistema social creado necesita que seamos dóciles y si todos viviéramos como Diógenes, el mundo colapsaría, nadie querría trabajar en empleos basura, nadie respetaría a políticos y empresarios que solo buscan enriquecerse, nadie consumiría sin control para llenar su vacío existencial, por eso, el mensaje de Diógenes nunca será aceptado masivamente, porque un mundo donde todos piensan como él, es un mundo que el sistema no puede permitir.

    Las personas necesitan sentirse especiales, buscan reconocimiento, necesitan de validaciones como nunca, vivimos en una era donde todos quieren ser admirados, tener seguidores, sentirse importante. Las redes sociales han convertido la validación en una droga y el problema es que cuanto más necesitas ser visto. menos libre eres. Diógenes no buscaba atención, pero las personas de hoy, hace cualquier cosa por conseguirla y mientras esa necesidad exista, la humanidad seguirá atrapada en su propia estupidez y si después de tantos años, la humanidad sigue igual, si seguimos siendo esclavos del dinero, de la validación del sistema, si seguimos sin aprender la lección, la respuesta es no, porque su objetivo nunca fue cambiar a la humanidad, él sabía que la mayoría de la gente nunca despertaría, su mensaje no era para todos, era para los pocos que estuvieran dispuestos a escucharlo, por ello, la verdadera cuestión es saber si eres una persona de esos pocos capaces de vivir sin miedo, sin ataduras, sin preocupaciones, porque no se trata de intentar cambiar el mundo, solo demostrarnos a nosotros mismos que se puede vivir diferente y su filosofía, sigue siendo válida hoy para quien quiere ser realmente libre, dejar de depender de lo que no necesita, dejar de ser esclavo, para cuestionarlo todo. Quien quiera vivir sin miedo, debe dejar de preocuparse por cosas que no puede controlar, no tiene que vivir en un barril, no tiene que insultar a las personas con las que coincidamos en la calle, no tiene que renunciar a todo, pero sí puede aplicar su enseñanza en su vida, porque al final del día, la persona que realmente puede escapar de la estupidez humana, es uno mismo y ser parte de la minoría que entiende a Diógenes.

    La estupidez no tiene límites, lo vivimos todos los días en el tráfico, en la política, en las redes sociales, cuando las personas insisten en defender lo indefendible, creyéndose más inteligente de lo que realmente son, tomando decisiones absurdas sin cuestionarlas, pienso que si Diógenes estuviera vivo, se reiría de todos o peor, si accediera en twitter, navegaría insultando a medio mundo, porque si hay algo que este filósofo entendió hace más de dos mil años, es que la humanidad, es mayoritariamente estúpida.

    Diógenes, no escribía libros, no daba discursos académicos ni intentaba quedar bien con nadie, no tenía seguidores, no buscaba fama, ni tampoco quería riquezas, su única misión era exponer la hipocresía de la sociedad y demostrar que las personas viven bajo reglas absurdas sin atreverse a cuestionarlas. Si piensas que esto no ocurre hoy en día, piensa en cuantas veces has visto a alguien actuar de forma completamente irracional solo porque así se hacen las cosas, pensemos cuantas personas pasan toda su vida persiguiendo cosas que ni siquiera les hacen felices, en cuantas decisiones absurdas se toman solo porque todos lo hacen. Diógenes decía que la civilización es solo una forma elegante de ser y se puede demostrar su razón. La estupidez no está relacionada con la evolución, ya que seguimos cometiendo los mismos errores, creemos en ilusiones, seguimos atrapados en normas que no entendemos, somos esclavos de cosas que ni siquiera necesitamos y nadie expuso esta realidad de manera más exagerada que Diógenes de Sinope, un filósofo de entender avanzado y con pensamiento como un revés de realidad para el mundo moderno, no escribió libros, no dio discursos en academias, no buscó fama ni reconocimiento, él hizo algo mucho más drástico, vivió su filosofía hasta las últimas consecuencias, se burló del poder, humilló a los ricos, desafió las reglas sociales y mostró con su propia existencia que la mayoría de las personas no son tan libres, ni tan sabias como creen ser y si explorásemos su comportamiento, nos percataríamos de cómo su pensamiento sigue siendo tan relevante hoy como lo fue en la antigua Grecia.

    Entre los problemas de la humanidad que Diógenes veía en la sociedad y que le llevó a rechazarla por completo, nace en la raíz de la propia estupidez humana, el desafío a la civilización que al no cuestionar a la sociedad, delataba sus actos más extremos, adulando al poder, la riqueza y las reglas absurdas con una filosofía que humilló al mundo. Su pensamiento dio origen al cinismo y su herencia influyó en las filosofías más respaldadas de la historia hasta el grado de observar como la estupidez, ha evolucionado en el sistema moderno perfeccionando la esclavitud mental y todavía es posible aplicar la filosofía de Diógenes en nuestra vida y no se trata de una serie de respuestas cómodas, es para quienes se atreven a cuestionarlo todo.

    Su vida fue una declaración de guerra contra todo lo que consideraba absurdo en la sociedad de su época y su forma de vida tenía un origen marcado por la desgracia desde su nacimiento en Sinope alrededor del año 412 antes de Cristo, una ciudad griega en la actual Turquía en la que su padre era banquero y su historia empieza al quedar su familia envuelta en un enorme escándalo de falsificación de monedas. Se dice que Diógenes y su padre fueron acusados de adulterar la moneda oficial, aunque nadie sabe si realmente estuvo involucrado, lo cierto es que su vida cambió por completo al ser expulsado de su ciudad y se convirtió en un exiliado y aquí, es donde entra en acción la filosofía de Diógenes, ya que posiblemente, cualquier otra persona en su situación habría tratado de recuperar su estatus, buscar trabajo en otra ciudad, reconstruir su vida, etc., pero hizo algo extremo, rechazó por completo la idea de la civilización y decidió vivir como un perro al darse cuenta de que todo el sistema en el que había crecido, era una mentira.

    Al llegar a Atenas después de ser desterrado, sin nada y sin dinero, sin casa y lo más importante, sin intención de seguir las reglas de la sociedad y conocer a Antístenes, un discípulo de Sócrates que había desarrollado una filosofía intransigente conocida como el cinismo, con la idea central cuál es que la felicidad no dependía de riquezas, fama o poder, sino de vivir de la manera más natural y autosuficientemente posible, mientras Antístenes enseñaba estas ideas en discursos, Diógenes las llevó al extremo, no queriendo hablar de filosofía, sino en vivirla, así que renunció a todo lo que no fuera absolutamente necesario, con lo que no tenía casa, no tenía posesiones, no tenía dinero, vivía en la calle, comía lo que encontraba y dormía en un barril. No se vestía de manera elegante, no respetaba las normas de la sociedad y lo más importante, no le importaba lo que pensaran los demás, porque para él, la opinión de los otros era otra forma de esclavitud y no solo vivía de manera radical, sino que se dedicaba a demostrar con hechos lo ridícula que era la sociedad. Cuando veía a alguien que se creía importante, lo ridiculizaba, si veía a una persona actuando de manera hipócrita, lo exponía públicamente, si alguien intentaba desafiarlo con argumentos, le respondía con actos que dejaban en evidencia su estupidez; no tenía respeto por la autoridad, por la tradición, ni por la fama, para él, la mayoría de las personas eran esclavas de sus deseos y de la opinión de los demás y su misión era despertarlas de su estupor.

    El farol y la búsqueda de un hombre honesto, es uno de los episodios más famosos de Diógenes que ocurrió cuando se decidió salir a la calle en pleno día soleado con un farol encendido. La gente le preguntaba qué estaba haciendo y él respondía con una frase que se volvió legendaria: Estoy buscando un hombre honesto, pero no lo encontró. Este acto no era un simple espectáculo, era una crítica total a la hipocresía humana cuando casi todas las personas vivían una mentira, actuaban como si fueran justas, sabias y virtuosas, pero solo seguían las normas de la sociedad, sin cuestionarlas y aunque nos parezca extraño y raro, este experimento sigue siendo válido actualmente con solo mirar a nuestro alrededor, no encontraremos personas realmente viviendo según sus propios valores y sin dejarse influenciar por lo que piensen los demás. Es difícil encontrar realmente a quien entienda lo que está haciendo con su vida y Diógenes demostró que la mayoría de las personas no son honestas, ni con los demás, ni consigo mismas, puesto que la clave de la libertad es vivir sin miedo a nada y Diógenes llevaban la libertad al extremo. No debía nada a nadie, no tenía miedo en decir lo que pensaba, no se preocupaba por el futuro y sobre todo, no necesitaba nada para ser feliz. y hoy en día, las personas creen que la felicidad viene de acumular cosas, más dinero, más seguidores, más reconocimiento, pero Diógenes demostró lo contrario, cuanto menos necesitas, más libre eres, no puedes amenazar a alguien que no tiene miedo de perder nada, no puedes controlar a alguien que no quiere lo que tú tienes, no puedes manipular a alguien que no necesita la aprobación de los demás, por eso Diógenes era peligroso, porque no podían comprarlo, ni someterlo.

    Si Diógenes estuviera en la actualidad, probablemente caminaría por las calles con un cartel que dijera, busco un hombre honesto y se reiría de todos, ridiculizaría a los influencers que viven por la validación de los demás, se burlaría de los políticos que prometen lo que nunca cumplirán, expondría la estupidez de las personas que sigue modas sin sentido y sobre todo, nos haría ver lo absurdo que es vivir preocupados por lo que piensan los amigos y conocidos, porque al final vivimos rodeados de mentiras y la única forma de ser libre, es rechazar la farsa cuando ni somos libres, ni nos preguntamos si lo somos por no observar qué tan libre somos realmente cuando no vivimos según nuestras propias reglas sino según las que nos dice la sociedad, no tomamos decisiones por nosotros mismos, sino porque así lo hacen los conocidos, nunca nos atrevemos a desafiar las normas, ya que simplemente las seguimos sin pensar en ellas por lo que dirán nuestros amigos y conocidos. Se trata de un gran desafío el atrevernos a ser libres y la única manera de hacerlo es cuestionarlo todo, empezando por las reglas absurdas de la sociedad y continuando con las de la de estupidez humana.

    Era un provocador, un rebelde, un destructor de ilusiones, no se conformaba con criticar la sociedad desde la teoría, su vida entera era un experimento para exponer la ridiculez del mundo y una de sus demostraciones más famosas fue la del farol, buscando un hombre honesto. Imaginemos estar caminando por la ciudad y de repente ver a un personaje con un farol encendido a pleno día, nos acercamos y le preguntamos qué está haciendo y él, responde con total seriedad: Estoy buscando un hombre honesto. Es una escena que parece sacada de una película absurda, pero ocurrió en la Atenas el siglo cuarto antes de Jesucristo y lo más impactante es que Diógenes jamás encontró lo que buscaba, pero no era un simple truco llamativo, no era una broma, era una declaración filosófica total, cuando Diógenes creía que la mayoría de las personas eran mentirosas, falsas y cobardes, no porque dijeran mentiras descaradas, sino porque no eran honestas consigo mismas y actuaban como si fueran sabias, pero repetían ideas sin pensar en ellas, se creían virtuosas, pero solo seguían las reglas por miedo a ser juzgadas, decían que valoraban la verdad, pero en realidad vivían rodeadas de ilusiones y aquí viene el golpe de realidad cuando no ha cambiado algo en los últimos dos mil cuatrocientos años al mirar a nuestro alrededor y no encontramos a las personas que realmente dicen lo que piensan, a las que actúan según sus propios valores y no porque la sociedad lo espere de ellas, sino porque realmente no cuestionan lo que hacen y simplemente siguen el guión que les dan en la televisión o en los periódicos, mientras Diógenes nos enseña que la mayoría de las personase vive en una mentira y ni siquiera se dan cuenta, en una ceguera voluntaria y lo peor de la estupidez humana, no es la falta de inteligencia, es la falta de voluntad para ver la verdad. Las personas no son estúpidas por si mismas, lo que molesta e irrita es que pudiendo despertar, prefieren seguir dormidos en los laureles.

    Imaginemos a la persona que trabaja cuarenta años en un empleo que odia solo para poder comprar una casa que apenas disfruta, imaginemos a alguien que cambia su forma de vestir, hablar y pensar, solo para encajar en un grupo de amigos, imaginemos a quienes siguen las reglas sociales absurdas de las modas sin darse cuenta si tienen sentido y eso es lo que enfurecía a Diógenes cuando sabemos que las personas no son tontas por naturaleza, sino porque eligen no cuestionar nada, no importa cuan absurdo sea el sistema en el que viven, prefieren seguir las normas antes que aceptar la verdad, porque la verdad es incómoda y pensar por uno mismo les da miedo y lo peor es que cuando alguien viene a señalarlo, la respuesta social de las personas no es valorar la razón por si algo no tiene sentido, la reacción es atacarlo, llamarlo locura, comportamiento de un vagabundo e irrespetuoso social, porque es más fácil rechazar la verdad que aceptarla, de ahí que Diógenes nunca encontró un hombre honesto, porque la mayoría de las personas prefieren seguir en la mentira y para la demostración de la estupidez humana no se precisa usar palabras, solo observar sus acciones. Cuando Platón describió al ser humano como un animal bípedo y sin plumas, Diógenes tomó un gallo, le arrancó todas las plumas y lo llevó a la academia de Platón diciendo: Aquí tienen al hombre de Platón, era su forma de decir, no repitan definiciones sin sentido; en otra ocasión cuando lo invitaron a un banquete de ricos, los invitados trataban de aparentar elegancia y refinamiento, pero Diógenes en medio de la cena escupió en la cara de uno de ellos y los presentes lo miraron horrorizados, pero solo respondió: No encontré un lugar más sucio dónde escupir. Ese era su mensaje, las apariencias no significan nada, si por dentro eres igual de repulsivo que lo que intentas ocultar y hoy en día nada es diferente en muestra sociedad, personas que se cree superiores porque tiene más dinero, influencers que promueven una vida falsa en redes sociales, personas que fingen ser amables solo por conveniencia y si Diógenes estuviera aquí, no haría un vídeo de youtube, iría a una fiesta de millonarios, les escupiría en la cara y se reiría de ellos, porque su mensaje sigue siendo el mismo, la sociedad está llena de ilusiones y las personas están demasiado cómodas en su estupidez como para verlo. Caminando hoy por la calle con su farol, seguiría sin encontrar un hombre honesto, vería a políticos mintiendo descaradamente y a la sociedad creyéndoles, vería a miles de personas desesperadas por la validación en las redes sociales, vería a gente defendiendo ideas que no entienden solo porque es lo que hay que pensar; nos reímos de la Atenas del siglo cuarto antes de Cristo como si hubiéramos evolucionado, pero la estupidez sigue intacta porque la mayoría de las personas siguen sin atreverse a cuestionar nada, ¿quién tiene hoy el valor de ser honesto?, ¿alguien realmente piensa por sí mismo?, ¿nosotros mismos lo hacemos?, ¿somos honestos con lo que pensamos?, o solo repetimos lo que dicen los demás o los medios de desinformación, ¿vivimos según nuestras propias decisiones?, o solo seguimos el camino que nos marcan, ¿nos atrevemos a cuestionar las normas?, o simplemente las obedecemos sin preguntar, tal vez Diógenes no encontró un hombre honesto, pero quizás hoy podríamos demostrarle que estaba equivocado si conseguimos hallar la mentira social que podemos destruir y verdaderamente se puede destruir la idea del poder, la ilusión del poder y la riqueza, con una sola frase si observamos que Diógenes no tenía nada, no tenía casa, no tenía dinero, no tenía propiedades, no poseía más que un manto raído, un zurrón y un cuenco de madera y aún así, se consideraba más rico que cualquier rey, porque para él la riqueza no estaba en la cantidad de cosas que poseía, sino en la cantidad de cosas que no necesitaba y lo dejó claro cuando el hombre más poderoso del mundo se paró frente a él y humilló al mismísimo Alejandro Magno, el conquistador más temido de su época, el hombre que había derrotado imperios y sometido naciones, cuando al enterarse de que en Atenas vivía un filósofo extraño, un mendigo que insultaba a todos y despreciaba la civilización, intrigado, decidió conocerlo en persona y así que acompañado de su escolta real, Alejandro Magno se acercó a Diógenes que estaba acostado al Sol despreocupado de todo y el conquistador se paró frente a él y le dijo con tono magnánimo: Soy Alejandro Magno, puedo concederte cualquier deseo, solo dime qué quieres y te lo daré. Cualquier otra persona habría caído de rodillas, habría pedido oro, tierras, poder influencia, pero Diógenes, sin siquiera levantarse, solo respondió con indiferencia: Muévete, me tapas el Sol. Alejandro quedó enmudecido durante unos segundos, su ejército, sus generales y sus asesores, esperaron su reacción, nadie jamás había tratado con tal desprecio al hombre más poderoso del mundo, pero Alejandro Magno, en lugar de enfadarse, se echó a reír y dijo: Si no fuera Alejandro, me gustaría ser Diógenes y Diógenes, sin inmutarse, simplemente replicó. Si yo no fuera Diógenes, también me gustaría ser Diógenes, porque bien pensado, la verdadera riqueza no se compra. Estamos ante una escena que resume una de las grandes verdades que Diógenes quería enseñar, no hay persona más rica que aquella que no necesita nada. Alejandro tenía ejércitos, tierras, riquezas incontables, miles de personas que lo adoraban y un poder casi absoluto sobre el mundo conocido, pero Diógenes tenía algo que Alejandro nunca podría comprar, la libertad absoluta, porque no importa cuanta riqueza acumulemos, si todavía dependemos de ellas para sentirnos completos, seguiremos siendo esclavos y Diógenes se burlaba de las personas que pasaban su vida acumulando dinero y posesiones, decía que eran como niños que coleccionaban piedras, sin darse cuenta de que al final, morirían igual que los pobres y realmente tenía razón.

    Muchas personas sacrifican su felicidad por acumular más dinero, trabajan muchas horas al día para pagar un coche que apenas usan, emprenden negocios en los que destruyen su salud por aumentar más dinero en su cuenta bancaria, influencers que venden su dignidad por unos likes o me gusta cuando nadie entiende o casi nadie comprende, que el tener más cosas, no te hace más libre, sino todo lo contrario, te hace más prisionero de lo que posees para convertirte en un verdadero esclavo. Diógenes vivía con lo mínimo, no tenía deudas, no tenía preocupaciones, no tenía miedo a perder nada y eso le daba un poder que ni los reyes podían imaginar porque no puedes controlar a alguien que no quiere lo que tú tienes. ¿Quieres dinero?. No, gracias, no lo necesito. ¿Quieres un puesto de prestigio?. No me interesa. ¿Quieres fama?. Prefiero estar tranquilo. Los ricos y poderosos creían que tenían el control del mundo, pero cuando se encontraban con alguien como Diógenes, se daban cuenta de la verdad, ya que ellos eran los verdaderos esclavos, porque dependían de su riqueza, dependían de la aprobación de los demás, dependían de mantener su estatus a toda costa y Diógenes, sin nada era más libre que todos ellos. La paradoja es que vivimos en un mundo donde el éxito se mide por el dinero, el poder y la fama, nos dicen que si conseguimos suficiente, seremos felices, pero la realidad es otra, cuanto más tienes, más miedo tienes de perderlo, cuanto más dinero, más estrés, cuanto más fama, más presión, cuanto más poder, más paranoico te vuelves y Diógenes, lo entendió antes que nadie, por eso renunció a todo, prefirió dormir en un barril antes que tener un palacio, prefirió mendigar su comida, antes que vender su libertad, prefirió vivir sin posesiones, antes que ser esclavo de ellas, porque decía que al final, la verdadera riqueza no se mide en dinero, sino en la cantidad de cosas de las que puedes prescindir, porque, ¿cuántas cosas realmente necesitamos?. Si mañana perdemos el dinero, la casa, el status, la reputación, seguiríamos siendo nosotros o la mayoría de las personas están tan atadas a lo que tienen que, sin ello, se sentirían vacías, pero Diógenes nos enseña una lección magistral, si necesitas algo para ser feliz, entonces nunca serás realmente libre y eso nos lleva a una consideración importante, ¿somos dueños de nuestra vida o un prisionero del sistema?, ¿somos realmente libres?, ¿tomamos decisiones porque las queremos?, o porque la sociedad nos dice que las tomemos, ¿trabajamos por gusto?, o porque necesitamos mantener un estilo de vida que en realidad no nos complace y hace felices, ¿seguimos acumulando cosas porque las necesitamos?, o porque nos hicieron creer que debemos hacerlo, puesto que Diógenes demostró que la mayoría de las personas viven como esclavas sin darse cuenta, pero lo cierto es que nosotros podemos elegir ser dueños de nuestra vida y de nuestro destino.

    Diógenes destruyó la idea de civilización con un simple insulto, humilló al poder, ridiculizó la riqueza y arruinó las ilusiones en las que algunos basan su vida, porque su desafío no se lo guardó para él, mostró que la verdadera esclavitud no estaba en las cadenas físicas, sino en la mente y aquí es donde su mensaje se vuelve aún más incómodo, porque no basta con rechazar el dinero o burlarse de los poderosos, la verdadera duda es saber si somos realmente libres o solo hemos cambiado de amo al comprar el nuevo modelo de telefonillo que nos obliga a cargar las baterías casi todos los días para convertirnos en un esclavo feliz de nuestra propia jaula, ya que no se trata de burlarse del poder, la riqueza y las reglas sociales, el mayor desprecio es hacia aquellas personas que, aún teniendo la capacidad de ser libres, eligen seguir siendo esclavos; el obstáculo de la humanidad no es la opresión, sino la aceptación de la misma. Nos gusta pensar que hemos evolucionado, que ya no vivimos bajo monarquías absolutas, que la esclavitud fue abolida, que somos dueños de nuestro destino, pero si Diógenes estuviera aquí, se reiría en nuestra cara porque lo que él denunció hace más de dos mil años, sigue siendo igual de cierto en la actualidad cuando la mayoría de las personas no quieren ser libres, quieren comodidad, la libertad real les da miedo, requiere responsabilidad, implica tomar decisiones sin depender de un sistema que te diga lo qué debes hacer, por eso se prefiere aceptar las reglas que se nos imponen, se prefiere seguir el camino establecido, un tipo de esclavitud más sutil, más cómoda, más disfrazada y aquí es donde viene la trampa, vivimos en una sociedad donde la esclavitud ya no se impone con cadenas, sino con deseos, ya no se nos obligan con látigos, nos seducen con las promesas, ya no somos prisioneros de un amo, somos prisioneros de nuestras propias necesidades. Diógenes veía esto con total claridad para él, un hombre que necesita riqueza, es esclavo del dinero, un hombre que busca validaciones, se convierte en esclavo de la opinión de los demás, un hombre que teme romper las reglas, es esclavo del sistema y la ironía es que la mayoría de las personas piensan o se creen ser libres, pero si perdieran su dinero, su trabajo, su estatus, ya no seguirían siendo las mismas personas, con lo que se concluye que nunca fuimos realmente libres y en el caso de Diógenes, él demostró con su propia vida, que sin el dinero, no le importaba, sin una casa, no la necesitaba, sin títulos ni reconocimiento, también se puede vivir y además, sin miedo. Él no dependía de nada ni de nadie y eso lo hacía más libre que cualquier emperador, pero nunca se han tolerado a las personas como él, porque una sociedad llena de personas realmente libres, es ingobernable y si las personas dejaran de preocuparse por el estatus, el mercado colapsaría, si dejaran de seguir órdenes ciegamente, el poder perdería su control, si las personas dejaran de vivir con miedo, no habría manera de manipularles, por eso el sistema moderno se diseñó para mantenernos en una mazmorra que ni siquiera vemos, una jaula de necesidades, una prisión de reglas invisibles, un calabozo donde creemos que decidimos por nosotros mismos, pero en realidad solo elegimos entre las opciones que otros crearon para vernos atrapados en la mayor mentira de la humanidad cual es la ilusión de la libertad.

    Convertidos en prisioneros de nuestros propios deseos en el actual sistema moderno perfeccionando, en el que la esclavitud y sin que nadie lo perciba y lo más importante, sin analizar el poder romper estas cadenas mentales y empezar a pensar por nosotros mismos imaginando que controlamos nuestra vida, tal vez es momento de cuestionarlo todo para despertar de la esclavitud voluntaria, cuando las mayoría de las personas no son libres, sino esclavas, aunque se creen ser libres y si bien la palabra esclavitud, suena exagerada y pensamos que ya no existe, que es un problema del pasado, la realidad nos dice lo contrario. La esclavitud nunca desapareció, solo se volvió más sofisticada como la energía física cuando decimos que solo cambia de nombre pero continua siendo energía y lo más aterrador es que ahora se esclaviza uno voluntariamente a sí mismo. En tiempos de Diógenes las personas de su época trabajaban sin descanso acumulando riquezas, siguiendo normas absurdas, preocupándose por la opinión de los demás y él se hacía una pregunta que sigue siendo relevante hoy en día, ¿para qué?, ¿por qué alguien pasaría toda su vida persiguiendo dinero solo para gastarlo en cosas que no necesita?, ¿por qué alguien trabajaría en algo que odia, solo para impresionar a personas que ni siquiera les importa?, ¿por qué alguien seguiría reglas que no entiende, solo porque así se hacen las cosas?. Diógenes era libre y un día vio a un esclavo escapando y le gritó: ¿No sabes que los dueños también son esclavos?. La esclavitud no se trata solo de cadenas físicas, la verdadera esclavitud es mental, son las reglas invisibles que la sociedad impone y que las personas siguen sin cuestionar, el rico que tiene miedo de perder su fortuna, el político que depende de la aprobación pública, el empresario que se obsesiona con vender más y más aunque sea basura acondicionada para estar bien presentada, para ser atractiva al necio, todos se imaginan que son poderosos, pero en realidad son prisioneros de su propio sistema, porque como decía Diógenes, cuanto más necesitas, menos libre eres. El engaño del éxito moderno es observable ciando vivimos en un mundo donde el éxito tiene una fórmula clara, un buen trabajo, una casa grande, un auto caro, una ropa de marca, un montón de seguidores en redes sociales y nos enseñan que si conseguimos todo eso, seremos felices, pero la realidad es que muchas personas que lo logran, siguen sintiéndose vacías porque nunca se detuvieron a preguntarse si realmente querían todo eso, o solo estaban siguiendo el camino que las sociedad les marcó. Diógenes nos dejó claro entender si estamos viviendo nuestra vida o simplemente cumpliendo un guión que alguien escribió para nosotros con cadenas invisibles para hacernos imaginar que nos creamos libres sin pensar estar encerrados en una prisión, porque la verdadera cárcel no es de piedra, sino de costumbres, de expectativas y deseos artificiales, hoy en día esas cadenas son más invisibles que nunca, como en el caso de la deuda, con millones de personas pasando su vida pagando créditos para comprar cosas que no necesitaban en primer lugar, prioritarias o imprescindibles y conseguir la validación social; observando a personas que viven para obtener likes, como aprobación de extraños en las redes sociales, el miedo al qué dirán personas que reprimen sus verdaderos deseos por temor a ser juzgadas, en cambio, Diógenes, no tenía ninguna de esas cadenas, no debía dinero, no le importaba la opinión de nadie y no tenía miedo de nada, por eso era un problema para la sociedad, porque no podían controlarlo y cuando se vendió a sí mismo, fue para demostrar que las personas no somos tan libres como nos creemos y es que Diógenes hizo algo radical. Un día fue capturado por piratas y vendido como esclavo, mientras otros prisioneros rogaban por su libertad, Diógenes se burló de la situación y cuando le preguntaron qué sabía hacer, respondió: Se mandar, si alguien necesita un amo, aquí estoy. Diógenes, no se veía a sí mismo como un esclavo porque nadie podía quitarle su verdadera libertad y al final, un rico comerciante que lo compró, lo puso a enseñar filosofía a sus hijos. Moraleja, incluso como esclavo Diógenes, seguía siendo más libre que la mayoría de las personas libres y si realmente queremos ser libres, Diógenes nos enseña que la verdadera libertad no está en el dinero, ni en el estatus, sino en vivir sin miedo y sin depender de nada externo para ser feliz. Ya dirá el cordobés Séneca al emperador romano Nerón: Tu poder, depende de mi miedo. Pero aquí viene la parte difícil, ser libre tiene un precio, porque cuando dejas de preocuparte por la opinión de los demás, te vuelves un problema, cuando dejas de seguir las reglas sin cuestionarlas, te vuelves peligroso, cuando decides pensar por ti mismo, te conviertes en un extraño para la sociedad, por eso, la mayoría de las personas prefieren su esclavitud, prefieren seguir el camino seguro y aceptable antes que arriesgarse a ser diferente, prefieren vivir con miedo, antes que enfrentarse a la verdad, prefieren seguir las reglas, antes que cuestionarlas y Diógenes, nos dejó claro que la elección es nuestra, ¿optamos por ser libres?, o preferimos seguir siendo esclavos felices, ¿somos realmente libres?, o con ataduras invisibles como el trabajo, el dinero, el miedo al que dirán las personas de nuestro entorno.

    Diógenes destruyó la idea de la civilización con un simple insulto ante las actitudes absurdas de la sociedad cuando, no solo se burlaba del poder y la riqueza, sino que también con una guerra personal contra las normas sociales al entender que la mayoría de las reglas aceptadas y seguidas no tienen sentido, son simplemente imposiciones que nadie cuestiona, pero que todos obedecen como si fueran leyes sagradas. Vivimos en un mundo que se considera moderno, avanzado, racional, pero desconocemos por qué seguimos conductas absurdas sin preguntarnos si tienen sentido, cuando la sociedad es realmente una obra de teatro, como una gran comedia absurda en la que las personas se visten de cierta manera porque así es lo correcto, se comportan con falsas sonrisas, porque así se debe hacer, siguen tradiciones estúpidas, solo porque siempre se han hecho así, pero si alguien rompe estas reglas, de inmediato es rechazado y Diógenes lo demostró con un experimento simple; un día en pleno centro de Atenas, se bajó los pantalones y empezó a masturbarse en público y cuando la gente horrorizada le reclamó, él respondió: Ojala fuera tan fácil calmar el hambre con solo frotarse el vientre, fue solo para dar a entender que las necesidades naturales deberían ser igual de aceptadas, pero la sociedad, con sus normas artificiales, había convertido algo normal en tabú, era su manera extrema de mostrar que nos enseñan a avergonzarnos de cosas naturales mientras lo aceptamos sin problema, hasta con cosas mucho más absurdas como enseñarnos a sentirnos incómodos con nuestro propio cuerpo, pero nadie se escandaliza por el consumismo desenfrenado. Nos dicen que hablar de dinero no es de buena educación, pero que mostrar poder y estatus, es algo normal, nos educan para obedecer autoridades, incluso cuando esas autoridades son corruptas e incompetentes y nadie las cuestiona y nos obligaba a preguntarnos si realmente creemos en estas reglas o solo las seguimos porque nos dijeron que así debe ser.

    Desde niños nos enseñan educación como herramienta de control y a seguir normas sin explicarnos por qué, nos dicen qué ropa es aceptable y no nos dicen qué es un buen trabajo y qué es un fracaso, nos enseñan a pensar sobre la vida, la moral y el éxito y quien que se sale de ese esquema, es castigado, porque como lo desafíes de la manera más absoluta posible, rompiendo todas las reglas, quedas marginado. Diógenes no se vestía bien, no usaba títulos de prestigio, no buscaba aprobación de nadie y lo más importante, no le importaba lo que pensaran de él, insultó a la civilización y no solo rechazaba la sociedad, sino que la consideraba una enfermedad y cuando alguien le preguntó qué pensaba de la civilización, respondió: Los perros son más afortunados que los humanos, pueden ladrar a los mentirosos y morder a los malvados, para él, la mayoría de las personas eran hipócritas y cobardes, preferían seguir normas estúpidas antes que enfrentarse a la verdad, preferían actuar como si fueran civilizados, en lugar de aceptar su naturaleza, quedaba evidenciado que las personas eran como perros que se habían vuelto locos, perros que en lugar de buscar comida y refugio, se obsesionaban con joyas y títulos, perros que habían olvidado cómo ser libres, porque en el fondo, se habían domesticado a sí mismos.

    Con el experimento del pollo y para demostrar la estupidez de las personas que solo repetían lo que escuchaban, hizo algo brillante. Recordemos que Platón había dicho que el ser humano es un animal bípedo y sin plumas y sin decir una palabra, tomó un gallo, le arrancó todas las plumas y lo soltó en la academia de Platón mostrando al hombre de Platón como su manera de demostrar que las definiciones intelectuales no significaban nada si no se aplicaban a la vida real, lo mismo pasa hoy con muchas normas sociales, cuando te dicen que tener éxito significa tener mucho dinero, pero nadie define qué es realmente la felicidad, te dicen que ser respetable significa vestirte bien, pero nadie define qué es realmente el respeto, te dicen que ser inteligente significa repetir lo que otros dicen, pero nadie define qué es realmente pensar por uno mismo, todo es como una enseñanza en la que las reglas sin lógica no deben ser destruidas para seguir aceptando tonterías y lo más absurdo, es que la mayoría de las personas ni siquiera cuestionan estas reglas, son personas comprando cosas como la ropa carísima solo porque tiene una marca determinada, personas preocupadas por la cantidad de los me gusta que reciben en redes sociales, multitudes siguiendo modas estúpidas solo para encajar en la sociedad y seguir actuando como idiotas. La cuestión no es la existencia de reglas, el problema es que seguimos las más absurdas como si fueran sagradas, reglas estúpidas como el código de vestimenta en la oficina, las expectativas sobre lo que significa ser exitoso, las redes sociales que en definitiva nos obligan a ser falsos.

    La obsesión por la apariencia la vemos entre las muchas cosas despreciables de la sociedad, es una estúpida droga humana por las apariencias que hoy en día las vivimos en un mundo donde la imagen lo es todo, si te ves bien, te tratan mejor, si tienes ropa cara o determinado coche, te consideran exitoso, si tienes un físico atractivo, se asume que vales más y lo peor es que nadie cuestiona nada de esto, aunque Diógenes ya lo hizo y de la manera más absoluta posible insultando a los aristócratas. Un día fue invitado a la casa de un aristócrata adinerado, una mansión impecable, con pisos brillantes de mármol y decoración extravagante y antes de entrar el anfitrión, le advirtieron que por favor, no escupiera en el suelo porque allí todo era puro y refinado, Diógenes, sin inmutarse, le escupió en la cara y cuando el aristócrata escandalizado le preguntó por qué lo había hecho, simplemente respondió: No encontré un lugar más sucio que tu rostro, era su manera de decirle que de nada sirve rodearte de lujo, si tu interior sigue siendo igual de repugnante, porque esa era la gran ironía de la sociedad, las personas se preocupaban más por verse bien, que por ser realmente valiosas; una falsa belleza para Diógenes, que entendía que la belleza no significaba nada, no le importaba si alguien se vestía bien o si tenía un rostro atractivo, lo que le importaba era el carácter, la inteligencia y la autenticidad, pero la sociedad ha estado obsesionada con la apariencia desde siempre. En la antigua Grecia, los ricos usaban túnicas de lino y perfumes caros para demostrar su estatus y hoy las personas gastan miles de dinero en cirugías estéticas y ropa de diseñador, para impresionar a extraños incluso en instagram, sin entender por qué se basa el valor personal en como uno se ve o viste, porque al final, el cuerpo envejece, la moda cambia, pero la estupidez permanece.

    En el caso del hombre que quería verse sabio, Diógenes también se burlaba de quienes trataban de parecer inteligentes en lugar de realmente serlo y un día vio a un hombre vestido con una túnica elegante, con una expresión seria y un libro en la mano, el hombre claramente quería que todos lo vieran como un gran pensador y Diógenes se le acercó y le dijo: Ojala fuera tan fácil ser sabio como lo es aparentarlo, porque incluso hoy, al igual que en su época, hay muchas personas que quieren parecer inteligentes, sin hacer el esfuerzo de pensar, solo repitiendo frases filosóficas sin necesidad usando palabras complicadas para parecer cultas, personas que tratan de soltar expresiones profundas en redes sociales, pero en la vida real no tienen idea de lo que está diciendo o su significado y aquí Diógenes nos dejó un mensaje claro, no importa como te vistas, ni como hables, lo que importa es lo que hay en tu cabeza y otro de los errores más grandes de la humanidad, es que muchas personas no se valoran a sí mismas, sino a través de los ojos de los demás, siendo la trampa de la validación externa, creen que si se ven bien, los aceptarán en su entorno, si tienen dinero, los respetarán, si encajan en ciertos estándares, serán aceptados, pero esta es la trampa, nunca es suficiente, siempre habrá alguien más atractivo, más rico, más popular, siempre habrá una nueva moda que seguir, siempre habrá algo externo que te haga sentir que eres insuficiente, por eso Diógenes decidió vivir sin depender de la aprobación de nadie, no se preocupaba por su aspecto, no intentaba impresionar a nadie, no le importaba si lo rechazaban, porque cuando dejas de buscar la validación externa, te vuelves realmente libre e incluso el desprecio por los lujos, también sirve para burlarse de las personas que usan la riqueza para aparentar superioridad. Un día vio a un joven con sandalias de oro, claramente tratando de demostrar su estatus y cuando Diógenes, lo miró, le dijo: Caminarías mejor si usaras zapatos de cuero, porque para él, los lujos no te hacían mejor, solo te hacían más ridículo, al igual que la mayoría de las personas cuando buscan cosas caras, pero no porque realmente las necesiten, sino porque quieren que los demás las vean con ellas y Diógenes, entendió algo fundamental, si necesitas cosas externas para sentirte valioso, entonces nunca te diste valor propio, si la apariencia desaparece, no queda nada, si de un día para otro desaparecieran todas las formas de mostrar estatus, no más marcas de ropa, tampoco de coches, no más redes sociales para presumir, no más objetos lujosos para impresionar, para muchas personas no les quedaría nada, porque toda su identidad está construida en algo superficial, pero para alguien como Diógenes, no cambiaría nada, porque él nunca dependió de lo externo para definirse a sí mismo, nunca se preocupó por la apariencia aunque vivió en una sociedad que valoraba más la imagen que el contenido real,

    Explorado como Diógenes expuso la estupidez a través de su honestidad, su desprecio por el poder, la riqueza, la apariencia y su rechazo a las reglas absurdas de la sociedad a la que no solo criticaba lo que ella vivía, sino que la desafiaba con sus acciones, su vida misma era un experimento para demostrar que la mayoría de las personas no son tan libres, sabias o racionales como creen ser y con otros actos más radicales, hasta incluso enfrentarse con las normas más arraigadas de la sociedad, desde su desprecio por los deseos humanos más básicos, hasta las situaciones más escandalosas en las que puso en jaque a los poderosos con un legado que verdaderamente sigue siendo un  real desprecio para nuestra época, dispuesto a pensar más allá de lo convencional, no siendo solo un crítico del mundo porque era realmente un desafío viviente a todo lo que la sociedad consideraba sagrado, su filosofía no solo se basaba en palabras, sino en actos que llevaban su desprecio por la civilización hasta el límite y con acciones tan radicales que incluso hoy nos harían cuestionar todo lo que damos por sentado hasta cuando alguien deja de obedecer los instintos más básicos de la humanidad y rechaza por completo la idea de vergüenza, deseo y civilización, hasta donde se puede llegar cuando se es verdaderamente libre y riéndose de la sociedad, al burlarse de los mismos impulsos que mueven a las personas en situaciones extremas, perturbadoras y brillantes llevadas hasta las últimas consecuencias.

    Cuando Diógenes desafío los instintos humanos, no solo se burlaba del poder y de las reglas sociales, también desafió las necesidades más básicas del ser humano, para él, todo deseo era una forma de esclavitud, si necesitabas algo para estar bien, significaba que no eras realmente libre y lo demostró con una serie de actos tan impactantes que incluso en esta época actual serían considerados inaceptables, llegó hasta desafiar los instintos más primitivos de la humanidad con una simple acción, considerando a las personas como simples animales que se habían complicado demasiado la vida, inventando leyes, tradiciones y normas morales que no tenían ningún sentido y lo peor de todo, se avergonzaban de su propia naturaleza, por ello, decidió llevar su desprecio al extremo y demostrar que en el fondo, las personas siguen siendo esclavos de sus propios instintos y lo hizo de la manera más exagerada posible con un acto calificable de escandaloso. Caminando por la plaza principal de la ciudad, en la que hay comerciantes vendiendo, filósofos debatiendo, políticos dando discursos, todo aparentemente normal cuando de repente, en medio de la multitud, pasa un hombre masturbándose tranquilamente como si nada y no por locura o perversión, sino para enviar un mensaje claro, por qué el hambre no se calma frotándose el vientre, ya que de ser así, la vida sería mucho más fácil, una frase que encierra toda su filosofía al entender que el deseo, no es algo sagrado, ni algo de lo que avergonzarse, es una simple necesidad biológica como el comer o el dormir, pero la sociedad ha convertido el deseo en un tabú, en una herramienta de control y Diógenes no entendía por qué había que esconder algo tan natural, por qué reprimir un impulso, si es parte de nuestra biología, por qué avergonzarse de lo que somos, cuando en el fondo seguimos siendo animales que por calificarnos de racionales y empleamos la vergüenza como herramienta de control, pero él se dio cuenta de algo que sigue siendo cierto hoy, la sociedad nos enseña a avergonzarnos de cosas naturales para poder controlarnos, desde pequeños se nos dice lo que está bien y lo que está mal, nos enseñan que ciertos deseos deben reprimirse, que hay cosas de las que no se puede hablar, que debemos actuar de una forma específica aunque no tenga sentido, pero desconocemos quién decidió que ciertas cosas son vergonzosas, quién decidió que debemos sentir culpa por nuestros propios impulsos, quién inventó la idea de que hay cosas impropias o indecentes y de ahí que Diógenes no aceptaba estas reglas, para él, la vergüenza era solo un invento para mantener a las personas bajo control y hoy en día seguimos viviendo bajo esas mismas reglas y nos avergonzamos de nuestros cuerpos si no cumplen con ciertos estándares, nos sentimos culpables por tener ciertos pensamientos o deseos, ocultamos partes de nosotros mismos por miedo a ser juzgados y al avergonzarnos de algo natural, porque realmente, no somos libres.

    En el caso del amor romántico, también fue criticado al no ser más que una ilusión fabricada por la sociedad, una forma disfrazada de deseo, combinada con expectativas y normas impuestas por la cultura, llegando a sufrir por amor, rogando atención, obsesionándose con encontrar a la persona indicada y de ahí que se burlaba de todos ellos considerando el amor como la ocupación de los ociosos, porque mientras las personas gastan tiempo y energía persiguiendo parejas, preocupándose por celos, estatus y apariencias, pierden su libertad al necesitar depender emocionalmente de alguien, buscando relaciones por obligación social. Diógenes, no veía el amor como algo superior o sagrado y aquí es donde nos deja otro pensamiento para valorar, ¿cuánto de lo que creemos sobre el amor es realmente nuestro? y ¿cuánto es una idea que nos han impuesto?, solo para que muchas personas sigan atrapadas en la idea de que sin amor, no pueden ser felices, cuando la verdadera felicidad radica en no depender de nada, ni de nadie.

    Otro instinto humano que Diógenes usaba para demostrar la estupidez de las personas, era la comida. Mientras los aristócratas de Atenas se daban banquetes con los mejores vinos y sabrosos platos, él comía lo que fuera, desde mendrugos de pan, sobras de los mercados, hasta alimentos que otros despreciaban. Un día lo vieron comiendo pulpo crudo en la calle, la gente se horrorizó porque en esa época era considerado un acto salvaje y al ver sus caras de asco, les respondió: Idiotas, no les da vergüenza vivir de lujos innecesarios, pero si les parece escandaloso que coma como un hombre libre, porque para él, la comida no era el problema, sino la dependencia a ella, ya que si solo puedes comer cuando tienes dinero, entonces eres esclavo del sistema, si necesitas ciertos alimentos exclusivos para sentirte importante, eres un prisionero de tu propio ego, si desprecias la comida simple solo porque no es lujosa, eres un estúpido que se ha olvidado de lo esencial, solo eres una persona de pensamientos y creencias sofisticados, pero sigues siendo esclavo de sus propios deseos y no se trata de burlarse de los instintos humanos, porque sí lo hacemos, ignoramos que son una forma de esclavitud invisible. Si la felicidad depende de cumplir ciertos estándares de belleza, somos esclavos, si necesitamos una relación amorosa para sentirnos completos, seguimos siendo esclavos, si no podemos ser felices sin lujos y comodidades, es evidente que somos esclavos, puesto que la verdadera libertad, solo es posible cuando dejamos de depender de cualquier cosa externa y solo nos preocupamos de las cosas necesarias para sentirnos bien, porque si necesitamos muchas cosas materiales, entonces ya no somos libres y hoy seguimos siendo esclavos del dinero, de las redes sociales y de la validación externa, seguimos pensando con las expectativas de la sociedad sobre como debemos vivir.

    Pero aún existe algo más perturbador que el poder y el estatus y aunque en el fondo realmente no significan nada, se puede mostrar desprecio e incluso especial asco por las personas que se creen importantes solo por su posición social, ya que solo son simples ilusiones que solo funcionaban porque la sociedad las aceptaba y para demostrarlo, fue cuando Diógenes se dedicó a humillar a los poderosos en público como en la caso del encuentro de Alejandro Magno con su persona y su legendaria frase y después de ese encuentro, los soldados de Alejandro Magno, furiosos por la insolencia de Diógenes, lo amenazaron porque debería haber mostrado respeto, ya que Alejandro Magno tenía el poder de matarlo, pero él, sin inmutarse, simplemente contestó: Y también tiene el poder de perdonarme. Fue su manera de decirles que el poder solo existe, si los demás creen en el propio poder, si el rey es tan todopoderoso, ¿por qué necesita personas que le rindan pleitesía si el poder es real?, porque un mendigo sin nada puede burlarse de él sin miedo, quedando demostrado que en realidad, los poderosos dependen más de las personas que la gente de ellos.

    El gran truco del status social y otro de los mayores engaños en la historia de la humanidad, es la idea de que ciertas personas valen más por el cargo que ocupan, pero ¿qué pasa al tratar o hablar a un rey como si fuera un mendigo? y en la actualidad, ¿qué pasa si te burlas de un político como si fuera cualquier persona?, ¿qué pasaría si ignorásemos a la autoridad como si no existiera? y Diógenes hizo todo esto y más. Un día cuando lo invitaron a una cena con importantes políticos y filósofos en un evento de gente importante con normas estrictas sobre cómo comportarse y Diógenes, sin importarle nada, se puso a comer con las manos y a hablar con la boca llena cuando, uno de los anfitriones molesto le dijo: Si te comportaras así en la corte del rey te matarían y Diógenes simplemente respondió: Y si el rey se comportara como tú, todos se reirían de él. La lección era clara, el poder no hace a la persona y cuando alguien solo actúa como si lo hiciera, es porque en el fondo, un rey sin su corona, no es más que otro hombre.

    Pero si hay una historia que demuestra como Diógenes despreciaba el estatus, es aquella en la que un día, mientras caminaba por Atenas, vio una estatua erigida en honor a un gran líder, sin dudarlo, se acercó y orinó sobre ella, cuando la gente le preguntó por qué lo había hecho, respondió con sarcasmo: Solo estoy devolviendo el favor, ya que este hombre ha hecho lo mismo con el pueblo. Ese era el punto de vista de Diógenes, válido en la actualidad al comprobar que la mayoría de los líderes solo existen para aprovecharse de los demás, se presentan como grandes salvadores, pero en realidad usan su poder para su propio beneficio y las personas votantes, en lugar de rebelarse, los adora como si fueran dioses, es el poder, es una ilusión y Diógenes entendió algo que casi nadie acepta, nadie tiene poder sobre nosotros, a menos que se lo demos, puesto que un rey sin súbditos, no es rey, un millonario sin entorno de personas que le admire, no es nadie, un influencer sin seguidores, no tiene influencia, el poder no es real, es una creencia colectiva y si suficientes personas dejan de creer en él, desaparece y como Diógenes sabía de ello y lo vivía, no respetaba a nadie solo por su estatus, se burlaba de los ricos y poderosos, se reía en la cara de los reyes porque él no jugaba su juego, pero hoy seguimos atrapados en la misma ilusión, respetamos, pero solo a la gente rica, aunque no hayan hecho nada para merecerlo, obedecemos a las autoridades, aunque sean incompetentes, seguimos modas impuestas por celebridades, aunque sean ridículas. Diógenes, nos desafió a preguntarnos quién tiene realmente poder sobre nosotros, ¿un jefe?, ¿un político?, ¿una figura pública? o simplemente creemos que lo tienen porque así nos lo enseñaron, ¿qué pasaría si dejáramos de creer en el poder ahora?, ¿qué pasaría si un día ignoráramos por completo a los poderosos?.

    Cuando Diógenes llevó su desprecio al límite y terminó viviendo como un perro, porque además de despreciar las reglas de la sociedad, las destruía, ya que no creía en el poder, no creía en la riqueza, no creía en la vergüenza, pero además, tampoco creía en la civilización misma mientras los demás filósofos intentaban definir como debía ser la sociedad perfecta, simplemente él se salió de ella y lo hizo de la manera más extrema posible viviendo como un perro. El origen del perro filósofo, era conocido como el perro y no era un insulto, él mismo adoptó ese nombre porque pensaba que los perros eran más sabios que los humanos, ya que no fingían ser algo que no eran, no se preocupaban por apariencias ni riquezas, vivían con lo mínimo necesario y eran felices con ello. Los perros no se complicaban la vida con reglas absurdas, no seguían tradiciones sin sentido, no se preocupaban por lo que otros perros pensarán de ellos, para Diógenes, los perros eran más auténticos que las personas y para demostrar esta prueba de fuego de vivir sin civilización, llevó la idea a la práctica y decidió que si los perros eran más sabios que los humanos, entonces él viviría como un perro, de hecho no tenía casa, dormía en cualquier lado, no tenía posiciones, comía lo que encontraba, no seguía normas, hacía lo que le parecía lógico en cada momento, pero esto no era solo una excentricidad, era un experimento filosófico para demostrar que las personas se complican la vida con problemas innecesarios. La sociedad nos enseña que necesitamos un hogar estable, un trabajo bien pagado, reconocimiento y respeto, pero Diógenes se preguntaba ¿qué pasa cuando renuncias a todo eso?, ¿sigues siendo una persona?, o te conviertes en algo inferior y la respuesta fue clara, sigues siendo humano pero más libre, porque la mayoría de las personas, no viven como quieren, sino como les dicen deben vivir.

    El enfrentamiento con los ciudadanos de Atenas estaba en su forma de vivir porque incomodaba a los demás, las personas de su entorno no soportaban ver a alguien que no jugaba el mismo juego que ellos y lo insultaban, lo despreciaban, le lanzaban piedras y Diógenes, simplemente se reía. Un día, un grupo de ciudadanos quiso humillarlo por vivir como un perro y se acercaron a él para empezar a arrojarle restos de comida y sin dudarlo, se puso a comerlos tranquilamente y cuando le preguntaron por qué no se molestaba, él respondió: Si ustedes me dan basura, yo la aprovecho, ¿quién es el más tonto del grupo?, pues esa era su manera de decirles que las personas viven más preocupadas por lo que piensan los demás, que por ser realmente libres y ellos creían que lo estaban insultando, pero en realidad le estaban dando comida gratis, ¿conoce el lector la fábula del tonto del pueblo? y así, una vez más, ganó el rechazo total a la civilización, puesto que para Diógenes, la sociedad no había mejorado la vida humana, solo la había complicado y los hombres pensaban que su inteligencia los hacía superiores a los animales, cuando él veía lo contrario, los animales son felices con poco y las personas nunca están satisfechas, los animales siguen su instinto, en cambio los humanos siguen reglas sin sentido, los animales no se preocupan por el futuro, los humanos viven aterrados por lo que les pueda pasar y Diógenes, creía que los humanos habían cambiado su libertad por comodidad, tenían casas, ciudades y leyes, pero a cambio de eso vivían llenos de estrés, miedo y preocupaciones artificiales, para él, la civilización no nos había hecho mejores, solo nos había hecho más infelices y como última burla, podemos observar la prueba de la supervivencia, para demostrar que las personas eran más débiles que los animales cuando hizo otro experimento. Una noche, mientras todos dormían en sus cómodas casas, salió a la calle en pleno invierno completamente desnudo y se quedó allí temblando, pero resistiendo hasta la mañana siguiente en la que los ciudadanos lo vieron y se escandalizaron. ¿Te vas a morir de frío?, le dijeron mientras Díogenes con una sonrisa, le respondió: Ven lo frágiles que son, yo aguanto y ustedes dependen de sus casas y ropas lujosas sin darse cuenta quien es realmente más fuerte, porque ese era su punto de vista, cuantas más cosas necesitas, más débil eres. Las personas somos dependientes de una civilización artificial, pero él, que vivía como un perro, podía sobrevivir en cualquier situación, podía incluso vivir sin la sociedad dejándonos una duda incómoda, si mañana desapareciera la civilización, las casas, el dinero, las redes sociales, ¿sabríamos como sobrevivir?, o peor aún, podríamos ser felices sin todas esas cosas, porque si la respuesta es no, entonces no somos tan libres como pensamos, si realmente necesitamos tanto para vivir, qué cosas verdaderamente necesitamos y qué cosas son solo una ilusión.

    Hasta su muerte fue su última gran lección de vida desafiando a la sociedad, destruyó la idea del poder ridiculizó la riqueza, se burló de las normas y vivió como un perro para demostrar que las personas eran esclavos de sus propios deseos, pero su última y más impactante enseñanza, no la dio con palabras, ni con actos de rebeldía, la dio con su muerte, incluso en su forma de morir. Diógenes dejó un mensaje que sigue resonando más de dos mil años después y aquí es donde la historia se vuelve confusa. Existen varias versiones sobre su muerte, algunos dicen que murió por una enfermedad, otros que simplemente dejó de comer porque decidió que ya era suficiente, pero la versión más extraña y la más simbólica, es que murió por aguantar demasiado la respiración. Según algunas fuentes, decidió dejar de respirar voluntariamente y murió en total tranquilidad y aunque pueda sonar absurdo, encierra un mensaje profundo, si la vida es una elección, la muerte también lo es y Diógenes, no temía la muerte, porque para él, la vida no tenía valor si no era libre, él había vivido toda su existencia sin depender de nada, no necesitaba dinero, no necesitaba poder, no necesitaba reconocimiento y cuando sintió que su tiempo había terminado, simplemente se fue sin drama y sin miedo. La última burla de Diógenes, llamemos su testamento, aunque lo más impactante no es cómo murió, sino lo que pidió que hicieran con su cuerpo cuando le preguntaron qué quería que hicieran con sus restos mortales y su respuesta dejó a todos en shock: Déjenme tirado en la calle para que los perros me devoren y los ciudadanos se horrorizaron de cómo iban a permitir algo tan indigno, era humillante, ¿no quería que al menos lo enterrasen? y con su clásico sarcasmo, contextuó: Para qué, si no voy a sentir nada, hagan lo que quieran, pero si insisten en enterrarme, al menos pongan un palo junto a mi tumba para que pueda espantar a los cuervos, ¿pero no podrás hacerlo si estarás muerto?, ¡exacto!, luego entonces: ¿Por qué me preocupan los cuervos?. Menudo debió ser para los presentes su último gran golpe filosófico, toda la vida las personas se preocupan por su legado, su reputación, lo que pasará después de su muerte y Diógenes demostró que esas preocupaciones son absurdas, porque qué importa lo que pase con nuestro cuerpo cuando ya no estamos vivos, si estás muerto, nada de eso tiene sentido, es un evidente desprecio por la muerte, una enseñanza sobre que el miedo a la muerte, es otra forma de esclavitud. La mayoría de las personas viven aterrorizadas, por lo que pasará cuando mueran, temen ser olvidados, temen perder sus riquezas, temen dejar asuntos sin resolver, pero de qué sirve preocuparse por algo que ya no podrás controlar. Diógenes entendió lo que pocos se atreven a aceptar, morir es tan natural como vivir, no hay razón para temerla, no hay razón para dramatizarla, no hay razón para obsesionarse con lo que pasará después de morirse, de ahí que su testamento, fue la última gran lección de su vida, nada importa después de la muerte, la gran ironía, la tumba que nunca quiso ya que no quería ni tan solo una tumba, pero después de su muerte, las personas hicieron exactamente lo contrario de lo que él pedía, le construyeron un monumento, le erigieron estatuas, lo convirtieron en parte de la historia que él mismo despreciaba y aquí está la gran ironía, pasó su vida rechazando la importancia del legado y terminó convirtiéndose en inmortal por su desprecio por la fama, que sin desearla, lo hizo famoso, su rechazo a la civilización, lo convirtió en una leyenda y su desprecio por la muerte, lo hizo eterno.

    Diógenes no solo nos enseñó a vivir sin miedo, sino también a morir sin miedo, nos mostró que la muerte no es el problema, el problema es vivir una vida que no vale la pena, porque lo que realmente debería asustarnos no es la muerte, sino vivir como esclavos de reglas absurdas, deseos vacíos y preocupaciones innecesarias, puesto que si murieras hoy, estarías en paz con tu vida y aquí es dónde Diógenes nos deja su última gran lección, si muriera hoy, ¿me sentiría en paz?, ¿vivimos como realmente queremos?, o simplemente seguimos por cumplir lo que se espera de nosotros, ¿tomamos nuestras propias decisiones?, o dejamos que otros decidan por nosotros, ¿nos preocupamos por cosas que realmente importan?, o gastamos nuestra energía en trivialidades. Diógenes vivió exactamente como quiso y cuando llegó su hora, no tenía miedo, no tenía arrepentimientos, no tenía preocupaciones y ese es su legado. ¿Tienes miedo a la muerte?. ¿Crees que la sociedad nos ha enseñado a temer la muerte más de lo necesario?. Diógenes vivió sin miedo, sin posesiones y sin preocupaciones, no intento cambiar al mundo, solo demostró que podía existir fuera de sus normas y cuando llegó su hora, su muerte fue su última gran lección, nos enseñó que el miedo a la muerte, es absurdo, que preocuparse por el legado, es una pérdida de tiempo, que lo único que importa es vivir según tus propios principios.

    Pero la historia de Diógenes no termina con su muerte, su legado trascendió el tiempo influyendo en la filosofía, la cultura y hasta en los movimientos de resistencia contra el sistema, su pensamiento sigue vivo aunque muchas personas no lo sepan, puesto que en realidad, no hemos evolucionado porque la humanidad sigue persiguiendo ilusiones, solo que ahora las llamamos éxito, progreso o felicidad y aunque Diógenes murió hace más de dos mil cuatrocientos años, su muerte no marcó el fin de su mensaje, de hecho, con el paso del tiempo, su pensamiento se ha vuelto más relevante que nunca, porque aunque hoy vivimos en un mundo completamente diferente al de la antigua Grecia, los problemas que Diógenes denunció, siguen siendo los mismos, seguimos obsesionados con la riqueza, seguimos creyendo en el poder como si fuera una verdad absoluta, seguimos basando el valor de nuestra felicidad en la validación de los demás y la mayor ironía es que, aunque nos gusta pensar que hemos evolucionado, seguimos atrapados en la misma ilusión.

    Si Diógenes estuviera aquí hoy con nosotros, se reiría de nuestra supuesta evolución, vería a las personas andar preocupadas por su imagen en las redes sociales y haría lo mismo que hizo con los aristócratas de su tiempo, les escupiría en la cara, vería a políticos prometiendo justicia y libertad y les preguntaría si el poder realmente sirve al pueblo, porque siempre beneficia a los mismos, vería a las personas endeudándose para comprar cosas que no necesitan y les diría que no son diferentes a los esclavos de su época, solo que ahora las cadenas son invisibles. Diógenes no solo humilló a los poderosos de su tiempo y si estuviera aquí ahora, haría lo mismo con los líderes, empresarios y celebridades de hoy, porque aunque han cambiado los nombres, el juego sigue siendo el mismo, los ricos siguen dominando a los pobres, los poderosos siguen controlando a las masas y las personas siguen sin cuestionar las reglas que gobiernan su vida. El cinismo de Diógenes con su filosofía que desafió el sistema, no dejó libros, ni tratados filosóficos, pero su manera de vivir inspiró un movimiento que sigue influyendo en la historia hasta el día de hoy. El cinismo de la corriente que él fundó, fue el primer gran rechazo al sistema, puesto que antes de Diógenes, la filosofía se preocupaba por definir el bien, la justicia y la moralidad, pero cuando él llegó, dijo que todas esas preguntas eran absurdas si las personas siguen actuando como idiotas. El cinismo no trataba de construir una sociedad mejor, trataba de demostrar que la sociedad es en sí misma una gran farsa y aunque hoy en día el cinismo ha cambiado de significado, su esencia sigue presente en muchos movimientos contraculturales, desde los estoicos que adoptaron su idea de la autosuficiencia, hasta el anarquismo que rechaza toda forma de autoridad impuesta. Diógenes fue el primer gran rebelde de la historia y aunque su nombre no es tan famoso como el de Platón o Aristóteles, su influencia sigue viva en la lucha contra las estructuras que nos mantienen esclavizados pudiendo seguir aplicando su filosofía.

    Pero, ¿podemos realmente deshacernos de nuestras necesidades y vivir sin depender del sistema?, ¿podemos rechazar la validación de los demás cuando toda persona parece obsesionada con la imagen y el estatus?, ¿podemos abandonar las reglas sin sufrir las consecuencias de una sociedad que hostiga a quienes se salen del molde?, porque Diógenes vivía como un perro, dormía en la calle y se reía de las personas que lo despreciaban, pero si alguien intentara hacer lo mismo hoy, probablemente terminaría siendo arrestado, medicado y completamente ignorado, sin embargo, su mensaje sigue teniendo valor, no se trata de vivir exactamente como él, sino aplicar su forma de pensar a nuestra realidad, cuestionar lo que nos dicen que debemos hacer, no depender del dinero más de lo necesario, no buscar validación en las redes sociales, ni en la opinión de extraños, no respetar a la autoridad solo porque lleva un traje y un título, deberíamos analizar el modelo de pensamiento que nos dejó, no un conjunto de reglas y en un mundo donde cada vez es más difícil pensar por uno mismo, sino su filosofía por seguir siendo una de las pocas herramientas reales para escapar de la manipulación.

    Nos gusta pensar que estamos lejos de la antigua Grecia, que ahora tenemos más conocimiento, más tecnología, más control sobre nuestras vidas, pero lo cierto es que seguimos cayendo en las mismas trampas que Diógenes denunció hace milenios, continuamos creyendo que el dinero nos dará felicidad, seguimos buscando estatus y reconocimiento, seguimos aceptando reglas sin sentido y por eso, aunque su cuerpo desapareció, su pensamiento sigue aquí, sigue en cada persona que se atreve a cuestionar el comportamiento social, sigue en cada acto de rebeldía contra lo absurdo, sigue en cada mente que se niega a ser esclava de ideas impuestas y podemos ver como su legado ha influido en la sociedad, la cultura y la filosofía moderna, porque aunque el mundo ha cambiado o evolucionado, su mensaje sigue siendo un mandoble de realidad que la humanidad aún no ha querido aceptar, nadie se atreve a humillar a la sociedad moderna actual y lo más irónico es que a pesar del tiempo, sus críticas, siguen siendo igual de válidas, si pudiera ver nuestro mundo moderno, probablemente se reiría hasta quedarse sin aire, porque todo lo que él despreciaba en la sociedad de su época, hoy es aún peor.

    Actualmente no necesitaría buscar mucho para hacer lo mismo porque vivimos en una realidad donde cualquiera se cree que es importante, porque la estupidez de las personas continúa vigente y en su tiempo, Diógenes ya humillaba a los poderosos en Atenas. Antes, los líderes eran reyes o generales pero hoy, un influencer con muchos seguidores, imagina que es un dios y cuando Diógenes, vería a las celebridades modernas, les haría la misma pregunta que le hizo a Alejandro Magno: Si no tuvieras tu fama, tu dinero o tu poder, ¿seguirías siendo alguien?, porque al final, el estatus, sigue siendo una ilusión y hoy más que nunca, el valor de alguien se mide en apariencias, mientras Diógenes nos dejó claro que si nuestro valor depende de algo externo, entonces nunca tuvimos valor real. Las personas siguen esclavizadas por cosas innecesarias sin pensar poder vivir con lo mínimo, no porque no existen opciones, sino porque el sabio entiende que cuanto más tienes, más esclavo eres. Si Diógenes viera el mundo moderno, vería a personas endeudándose para comprar el último iPhone, trabajando doce horas diarias para pagar una casa que casi no disfrutan, obsesionadas con marcas, autos y ropa, solo para impresionar a extraños y probablemente diría lo mismo que hace dos mil cuatrocientos años, ¿para qué acumular tantas cosas si igual van a morir? y nos creemos civilizados, aunque realmente seguimos atrapados en una carrera absurda por poseer más cuando Diógenes demostraba que no necesitaba nada para ser feliz y nosotros, lo tenemos todo y seguimos sintiéndonos vacíos.

    El absurdo de las redes sociales haría explotar la cabeza de Diógenes viendo el mundo digital, vería a millones de personas publicando fotos perfectas para aparentar felicidad, obsesionadas con la cantidad de likes o de me gusta que reciben, construyendo una identidad falsa en Internet, mientras en la vida real, están perdidas aunque la opinión de los demás no valga nada, pero se vive pendiente de lo que otros piensan de nosotros y aquí está la ironía, nunca en la historia, la validación social, había sido tan importante y nunca antes, las personas se habían sentido tan solas. Diógenes probablemente tomaría un teléfono, entraría a Instagram y preguntaría si necesitas la aprobación de extraños para sentirte bien, puesto que ¿eres libre?, o ¿eres su esclavo?.

    Continuamos sin pensar por nosotros mismas, sin percatarnos que Diógenes odiaba a las personas que solo repetían lo que otros decían sin cuestionar nada, hoy la situación es peor, millones de personas forman sus opiniones basándose en los titulares de twitter, siguen las modas y tendencias, sin preguntarse si tienen sentido, defienden ideas solo porque es lo políticamente correcto y si Diógenes estuviera aquí, vería como las personas se insultan en Internet sin siquiera entender de qué están discutiendo y nos haría la misma pregunta que hace más de dos milenios, ¿piensas por ti mismo?, o ¿solo estás siguiendo al rebaño?.

    El miedo a la muerte sigue dominando a la humanidad mientras Diógenes, no temía la muerte, pero la sociedad moderna vive aterrada por ella, hacemos todo lo imaginable para ignorarla, nos obsesionamos con la juventud eterna, evitamos hablar del tema, intentamos distraernos con entretenimientos sin sentido y Diógenes, nos dejó claro que el problema no es morir, el problema es que la mayoría de las personas viven con miedo, atrapadas en preocupaciones sin importancia. Hoy seguimos sin entender esa lección y eso es lo más triste, pensamos que la civilización ha avanzado, que somos más inteligentes que quienes vivieron en la antigüedad, pero la verdad es que seguimos siendo igual de estúpidos, la única diferencia es que ahora tenemos más tecnología para disfrazarlo. Si Diógenes pudiera vernos, nos haría la misma pregunta de siempre: No se dan cuenta de que todo esto es una broma, porque realmente no hemos aprendido tan solo un algo en más de dos mil años, lo que resulta estar más que decepcionado, o más divertido con esta sociedad moderna actual.

    Su legado y sus ideas, siguen vivas hoy con su filosofía o rebeldía, aunque nunca escribiera libros, nunca fundara una escuela, nunca intentó que su pensamiento quedara registrado en la historia y aún así, su herencia sigue viva perdurando al paso del tiempo, pero aquí está la incógnita, nunca sabremos si fue un filósofo o simplemente un rebelde sin causa, porque recordamos a Diógenes cuando miramos a los grandes filósofos de la antigüedad encontrando sistemas de pensamiento estructurados, Platón, construyó la teoría de las ideas, Aristóteles, organizó el conocimiento en lógica, ética y política, Sócrates, estableció la base del pensamiento crítico y en cambio, Diógenes, no creo teorías complicadas, no buscaba construir un sistema filosófico, no intentaba convencer a nadie con argumentos sofisticados, él vivía su filosofía y ese fue su verdadero impacto. Mientras otros discutían sobre como debía ser la sociedad perfecta, Diógenes, simplemente ignoró la sociedad por completo, su filosofía no estaba en libros, sino en sus actos y paradójicamente por eso paso a ser inmortal.

    Aunque Diógenes nunca se preocupó por fundar una escuela de pensamiento, sus ideas dieron origen a una de las corrientes filosóficas más influyentes de la historia, el cinismo, aunque en su versión original, no era solo desconfiar de todo, era un llamado a rechazar lo innecesario y vivir de acuerdo con la naturaleza, no depender de riquezas, no necesitar validación externa, no seguir reglas absurdas solo porque otros lo hacen, Diógenes fue el primer gran cínico y su forma extrema de vivir, fue el modelo para los que vinieron después, su discípulo más famoso, Crates de Tebas, que también renunció a su fortuna y vivió en la pobreza para seguir su ejemplo y su pensamiento, influyó en los estoicos como Séneca y Epicteto, que tomaron muchas de sus ideas sobre la autosuficiencia y la indiferencia ante el sufrimiento, de ahí que es difícil saber si Diógenes era un sabio o simplemente un provocador y aquí es donde la historia se vuelve interesante, porque muchos historiadores se han preguntado si fue realmente un filósofo o solo un arrogante provocador que quería llamar la atención a primera vista o tal vez parece más bien un troll de la antigüedad, alguien que simplemente disfrutaba burlándose de la sociedad y desafiando las normas, pero si miramos más de cerca, vemos que cada una de sus acciones tenía un propósito, no insultaba porque sí, insultaba para despertar a las personas, no rompía reglas por rebeldía, lo hacía para demostrar que eran absurdas, no despreciaba el poder solo por despreciarlo, lo hacía porque entendía que era una ilusión. Su método era extremo, pero su mensaje era claro y profundo, no necesitas nada de lo que crees necesitar, no debes respetar a quien no merece respeto, no tienes que vivir de acuerdo con lo que la sociedad espera de ti y eso no es solo rebeldía, es filosofía en su forma más pura.

    Los mayores conflictos de Diógenes fueron con los filósofos que se creían superiores, no soportaba a los académicos que hablaban de la verdad desde la comodidad de sus escuelas sin experimentar nada en la vida real, por eso ridiculizaba a Platón cada vez que podía, recordemos cuando Platón intentó definir al ser humano como un animal bípedo sin plumas y Diógenes le llevó un gallo desplumado a su academia y dijo: Aquí tienes tu definición de hombre, cuando Platón hablaba de su teoría de las ideas y de un mundo perfecto, Diógenes se reía y le decía: Yo no veo ninguna idea, solo veo tonterías, porque para Diógenes, la filosofía no debía ser teoría, sino práctica, no debía quedarse en libros, sino aplicarse en la vida real y esa es la razón por la que su legado sigue siendo tan importante con un impacto en la sociedad moderna llena de falsos sabios, gente que piensa, imagina y cree que el leer mucho, los hace inteligentes, personas que repiten frases profundas, sin aplicarlas en su vida, influencers de desarrollo personal que hablan de vivir libremente, mientras dependen de la aprobación de sus seguidores, mientras Diógenes, los destruiría en segundos, porque nos enseñó que no importa cuanto sepas si no vives de acuerdo con lo que dices, no eres más que un verdadero farsante y aquí es donde su legado sigue siendo una patada en la espinilla de realidad, porque ¿realmente necesitas todas las cosas por las que te preocupas?, ¿realmente vives según tus propias reglas?, o solo sigues las de los demás, ¿realmente has pensado por ti mismo? o solo repites lo que otros dicen, Diógenes nos obliga a confrontar estas preguntas y eso es lo que lo convierte en uno de los filósofos más importantes de la historia.

    Es difícil aprender de Diógenes porque su filosofía no es fácil de seguir, no todos podemos renunciar a todo y vivir en la calle, no todos podemos desafiar a los poderosos sin más, no todos podemos ignorar completamente la opinión de los demás, pero podemos aprender algo fundamental, porque cuanto menos dependamos, más libre seremos y eso no significa que tengamos que volvernos mendigos, solo debemos preguntarnos si realmente necesitamos todo lo que creemos necesitar, solo hay que tener menos miedo a la opinión ajena, menos dependencia del dinero, menos apego a las expectativas sociales, una enseñanza de la verdadera libertad que no se trata de hacer lo que uno quiera, sino no necesitar nada para ser feliz y Diógenes tenía razón, de ahí que su filosofía sigue siendo válida hoy en día.

    Observemos como su pensamiento sigue influyendo en la cultura, la política y la sociedad actual con gran impacto perpetuo desde hace más de dos milenios y siguiendo presente en la actualidad, incluso cuando la mayoría de las personas no se den cuenta, hasta el extremo que su forma de ver el mundo ha influido en movimientos filosóficos, políticos, artísticos e incluso en la cultura popular y lo más curioso, es que aunque muchos lo han citado o reinterpretado, pocos han sido tan radicales como él. También vivimos obsesionados por la salvación del alma y Diógenes fue el primer gran outsider de la historia, era alguien que no solo criticaba la sociedad, sino que decidía no formar parte de ella y hoy su espíritu se refleja en muchos movimientos contraculturales como el minimalismo, que rechaza el consumismo y apuesta por vivir con lo mínimo, el anarquismo que cuestiona las estructuras de poder, el punk, que desafía las normas impuestas por la sociedad, el pensamiento antisistema, que rechaza la autoridad ciega y hasta el conformismo, si nos detenemos a pensar, Diógenes fue el primer rebelde real, no porque buscara la fama o influencia, sino porque su vida misma era una provocación, si viera a los rebeldes modernos, seguramente se reiría de muchos de ellos, porque hoy ser contracultural se ha convertido en una moda y si bien muchos rechazan la sociedad, realmente siguen dependiendo de ella, critican el sistema, pero viven de él, desafían la autoridad, pero solo dentro de los límites que se les permiten y Diógenes no jugaba a ser rebelde, él realmente se salió del sistema.

    La llamada Escuela Cínica fundada con las ideas de Diógenes, que rechazaba el materialismo y la hipocresía social con su pensamiento, influyó directamente en otra gran corriente filosófica cual es el estoicismo. Los estoicos como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, tomaron muchas ideas del cinismo y las adaptaron a una vida más funcional sin deshacerse de todo y vivir sin preocupaciones, ya que para los estoicos no se trataba de renunciar a todo, ni tampoco depender de nada. Hoy en día el estoicismo es una de las filosofías más populares y se ha convertido en una herramienta para la disciplina, la resilencia y el control emocional, pero sin Diógenes, probablemente nunca habría existido y aunque Diógenes criticaba al capitalismo, rechazaba la riqueza y el poder, hoy su pensamiento es usado como base para muchas críticas al capitalismo porque vivimos en una era donde algunas personas trabajan sin descanso para pagar cosas que no necesitan, definiendo su valor por el dinero que tienen, pero se sienten vacías a pesar de vivir en la era de mayor abundancia, en este caso, Diógenes demostraría que nada de esto anhelado es necesario, aunque el consumismo moderno nos hace creer que la felicidad viene de acumular más cosas, cuando Diógenes nos enseñó que cuanto menos necesitas, más libre eres, aunque no significa que el capitalismo sea malo, solo nos obliga a preguntarnos si estamos usando la riqueza para mejorar nuestras vidas, o nos estamos volviendo esclavos de ella.

    Lo más irónico es que a pesar de despreciar la fama, Diógenes es un personaje icónico en la cultura actual y lo podemos ver en películas, comics, novelas y series en las que los cínicos aparecen como figuras de resistencia contra el poder y en algún que otro personaje con una filosofía similar a la de Diógenes viviendo alejado del sistema, sin preocupaciones materiales y adoptando una visión del mundo que nos recuerda mucho a la del filósofo griego y con ello, se acredita que el mensaje de Diógenes, ha sido reinterpretado de muchas formas, pero la esencia sigue ahí, no se necesita nada para ser libre a poco que sigas el juego de la sociedad y pienses por ti mismo, si Diógenes estuviera vivo hoy no podría vivir como lo hizo en su época, puesto que la sociedad moderna no tolera a los que no siguen sus reglas, por lo que lo arrestarían al burlarse de los poderosos en público, lo censurarían, si insultara a los filósofos modernos, lo cancelarían en redes sociales, no encajaría en un mundo donde todo está regulado monetizado y controlado, pero su mensaje sigue siendo igual de poderoso, porque aunque no podamos vivir como él, sí podemos aprender de su filosofía y entender que no necesitamos tantas cosas como creemos, no tenemos que seguir las reglas solo porque de lo contrario no recibimos la aprobación de los demás. Si aplicáramos solo una pequeña parte de su pensamiento, ya estaríamos un paso más cerca de la verdadera libertad y al dejarnos un desafío, nos obligó a preguntarnos si realmente estamos viviendo como queremos o solo estamos siguiendo un guión y esa pregunta sigue siendo igual de incómoda hoy que hace dos mil cuatrocientos años, porque la gran ironía es que la humanidad ha avanzado en tecnología, pero sigue atrapada en los mismos problemas, seguimos buscando poder, validación, riqueza, seguimos siendo esclavos del miedo de la opinión ajena y del deseo de encajar, seguimos sin entender lo que realmente significa ser libres y solo por eso, Diógenes sigue siendo relevante, porque hasta que la humanidad aprenda la lección, su mensaje seguirá siendo una cruel realidad.

    Recopilando la vida de Diógenes, vemos como desafío la riqueza, el poder, las reglas sociales y la hipocresía de las personas de su época y explorando su pensamiento, observamos como sigue vivo en la actualidad influyendo en la filosofía, la cultura y la contracultura, pero si Diógenes tenía razón en todo, ¿por qué la humanidad sigue igual y nunca cambiará?, ¿por qué seguimos siendo esclavos del dinero, de la validación, del miedo al qué dirán?, ¿por qué seguimos atrapados en el mismo juego absurdo que él trató de exponer? y la conclusión es de lo más simple de lo que nos gustaría aceptar, porque las personas no quiere ser libres. Diógenes vivía sin nada, no tenía casa, no tenía dinero, no tenía preocupaciones, era completamente libre, pero la mayoría de las personas no quiere eso, dicen que quieren ser libres, pero en realidad quieren comodidad, tener una libertad que no implique renunciar a sus lujos, a sus relaciones, a su imagen, quieren unidad, estabilidad, una vida sin incertidumbre y aquí está la trampa, cuanta más seguridad buscas, menos libre eres porque prefieres seguir las reglas, porque es más fácil, porque se prefiere encajar, porque es más cómodo, porque se prefiere depender del sistema, porque da la ilusión de control y Diógenes, lo entendió antes que nadie, por eso, cuando las personas lo veían y le preguntaba por qué vivía como un perro, él simplemente respondía: Porque al menos los perros, no son esclavos de mentiras, ya que la estupidez, es parte de la naturaleza humana, Diógenes buscó un hombre honesto y nunca lo encontró, porque la hipocresía no es un accidente, es parte de nuestra programación. Las personas siempre han sido así, creen que saben más de lo que realmente saben, siguen tradiciones sin preguntarse por qué, se obsesionan con cosas, sin importancia y descuidan lo esencial y lo peor, se sienten cómodos siendo así y mientras Diógenes insultaba a la gente en la calle esperando que despertaran, la mayoría se ofendía en lugar de reflexionar y hoy pasa lo mismo, si le dices a alguien que está desperdiciando su vida persiguiendo cosas inútiles, no te va a agradecer la lección, no se va a enojar, va a buscar excusas, va a llamarte loco, negativo, extremista, porque la verdad incomoda y las personas prefiere la comodidad antes que la verdad, de ahí y aunque Diógenes nos haya dejado todas sus lecciones, la humanidad sigue igual porque el sistema necesita que la gente sea estúpida y para Diógenes, el poder es una ilusión, los ricos y poderosos solo existen porque hay personas que les regalan ese poder y el sistema funciona. Si las personas empezaran a pensar por sí mismas, aunque desde que nacemos nos enseñan a no cuestionar nada, nos enseñan a respetar la autoridad sin preguntar si la merece, nos hacen creer que la felicidad está en el dinero, el éxito y la fama, nos influyen para que siguiendo las reglas, pensemos es lo correcto aunque no tengan sentido, aplaudimos un sistema necesitado de personas dóciles y si todos viviéramos como Diógenes, el mundo colapsaría, nadie querría trabajar en empleos basura, nadie respetaría a políticos y a aquellos empresarios que solo buscan enriquecerse, nadie consumiría sin control para llenar su vacío existencial, por eso, el mensaje de Diógenes nunca será aceptado masivamente, porque un mundo donde todos piensan como él, es un mundo que el sistema no puede permitir.

    Las personas necesitan sentirse especiales y Diógenes se reía de quienes buscaban reconocimiento. La necesidad de validaciones está presente y es más grande que nunca, vivimos en una era donde todo el mundo quiere ser admirado, tener seguidores, sentirse importante, las redes sociales han convertido la validación en una droga y la realidad es que cuanto más necesitas ser visto, menos libre eres. Observemos como Diógenes no buscaba atención, pero las personas de hoy harían cualquier cosa por ella y mientras esa necesidad exista, la humanidad seguirá atrapada en su propia estupidez y si después de tantos años, la humanidad sigue igual, si seguimos siendo esclavos del dinero, de la validación, del sistema, si seguimos sin aprender la lección, ¿significa que Diógenes perdió?, pues la respuesta es no, porque su objetivo nunca fue cambiar a la humanidad, sabía que la mayoría de las personas nunca despertarían y su mensaje no era para todos, era para los pocos que estuvieran dispuestos a escucharlo, por eso, el verdadero alcance es ¿soy uno de esos pocos autoelegidos?, si vivió sin miedo, sin ataduras, sin preocupaciones, ¿por qué no intentó cambiar el mundo?, sencillamente porque solamente demostró que se puede vivir diferente y su filosofía sigue siendo válida hoy, ya que si quieres ser realmente libre, deja de depender de lo que no necesitas, si quieres dejar de ser esclavo, cuestiónalo todo, si quieres vivir sin miedo, deja de preocuparte por cosas que no puedes controlar, no tienes que vivir en un barril, no tienes que insultar a las demás personas en la calle, tampoco tienes que renunciar a todo, pero sí puedes aplicar su enseñanza en tu vida, porque al final del día, la persona que realmente puede escapar de la estupidez humana, es uno mismo y se puede ser parte de la minoría que entiende a Diógenes, lo que significa que no eres como la mayoría hasta el extremo de estar haciéndose preguntas que nadie más se atreve ni tan solo a plantearse, ya que realmente, el estúpido solo perjudica al prójimo a cambio de nada o sin obtener beneficio personal alguno.

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