María Ripollés Armengot

La esposa de don Juan Temprado Matamoros, el boticario de Tírig

por Julián Segarra Esbrí

   Cuando nació mi madre, a una vecina se le ocurrió preguntar cómo llamarían a la niña y su tía Dolores que estaba allí, ante la pregunta, respondió con aplomo y seguridad, ¿cómo le van a llamar?, ¡Dolores como a mí!, estando también presente su tía Soledad de Tírig y para que no se enfadase, al bautizarla, mi abuela Asunción pidió los dos nombres, aunque el señor Cura, le añadió el de María, quedando definitivamente inscrita como María Dolores Soledad. En San Mateo, todas las personas la conocían como Dolores pero, al casarse con mi padre y venir a vivir a Chert, en el pueblo siempre fue conocida por María Dolores porque mi padre no sabía de la anécdota, ya que de conocerla, la hubiese llamado Soledad por ser la única sobrina de su tía de Tírig.

   La tía Soledad (Soledad Temprado Matamoros), era del pueblo de Tírig y vivía en la calle Gabriel Puig Roda, nº 2, esquina con la plaza de la iglesia que cruza la carretera de San Mateo a Albocácer y viceversa. La casa en cuestión tiene la fachada lateral frente al campanario y la plaza de la Generalitat y la posterior con la calle Enmedio del pueblo. Por la plaza, además del balcón y ventanas del piso superior, hay en la planta baja una ventana junto a otra puerta estrecha que da acceso a la farmacia de su hermano D. Juan Temprado Matamoros el boticario a quien nunca conocí, casado con doña María Ripollés Armengot de Castellón de La Plana. Tuvieron un hijo al que llamaron Juan Manuel y que mi padre me presentó en San Mateo al coincidir un día cuando yo era pequeño aunque desgraciadamente falleció en un accidente con su automóvil dentro de la población en Villarreal de Los Infantes cuando pasaba por su interior la carretera N-340 y acercaba a un conocido del pueblo al cuartel después de un fin de semana de permiso militar.

   Aunque nunca hablé con mi tía María de estos pormenores, imagine el lector el pueblo de Tírig en la década de 1920; una tranquila villa con unos 1500 habitantes en su término municipal y situado entre Albocácer y San Mateo ambas con Sede de Partido Judicial y con Guardia Civil del pueblo de Salsadella porque para la tranquilidad de sus vecinos era suficiente, en la que el Alcalde, el Secretario, el Médico, el Farmacéutico, el Cura Párroco, el Maestro y el Juez de Paz, son las máximas autoridades de la población, al igual que ocurre con los demás pueblos del entorno en los que también se habla en valenciano, salvo el Sr. Maestro dentro de la escuela y si el lector no entiende, evidencia el desconocer "Crónicas de un pueblo", aquella serie de Televisión Española emitida en España en los primeros años de la década de 1970 que narraba la vida cotidiana en un pueblo español. Sin preguntar a la tía María de sus intimidades sobre la razón por la que una joven de Castellón de La Plana se fuese a vivir a un pueblo como Tírig, pensemos en el año 1922, cuando su hermano D. Manuel Ripollés Armengot obtenía la licencia de medicina por la Universidad de Valencia y para ampliar sus conocimientos y adquirir práctica, fue destinado a este pueblo de la mano de D. José Rubio Tena o tal vez en tiempos de D. Miguel Ismael Renau y que por razones profesionales, deberá tener estrecha relación con el farmacéutico D. Juan Temprado Matamoros, además, el día 22 de mayo en el pueblo de Tírig celebran tres días de fiesta en honor a Santa Quiteria y el primer domingo de septiembre, otros tres días en honor a la Santísimas Virgen del Socorro a los que D. Manuel, invitará a su hermana Dª. María a pasar los días de fiesta en el pueblo. Una forastera de la capital de la provincia, llegada a un desconocido pueblo del Maestrazgo en el que las fiestas consisten fundamentalmente en toros y baile. Por las mañanas, se sueltan unas vaquillas por algunas calles de la población previamente bloqueadas con barreras para que no se escapen y por las tardes, en una plaza, se acondiciona un recinto con barreras delante de unos carros en los que suben las mozas, las novias y las madres con los niños hasta la hora de merendar que a su vez, invitan a los amigos de la pandilla y después de bien bebidos, se suelta una vaquilla jovencita llamada "confitera" porque las autoridades municipales le tiran confites (ahora caramelos) y los jóvenes van a recogerlos mientas, las mujeres están pendientes de exclamar ante cualquier revolcón, para continuar con más exhibición de ganado vacuno hasta que finalizada la tarde, la banda de música con toda la población se acercan a la era que, estando despejada o libre después de haber trillado la mies y guardada en el granero, se aprovecha para que los jóvenes bailen y después, inviten antes de cenar a las mozas, novias o mujeres a un refresco o un aperitivo en el bar del pueblo. Ante esta situación, es evidente que el tío Juan debió hacer de anfitrión, invitando a Dª. María al baile y a algún refrigerio hasta que finalizadas las fiestas, Dª. María regresaría a Castellón de la Plana, pero en su condición de farmacéutico y percatándose de la falta de algún remedio o medicina en la botica para el derrame alveolar del pie izquierdo, debiendo desplazarse a Castellón de La Plana a buscarla y ¿a quién mejor pedir colaboración para no perderse en la cuidad que a Dª. María? que después de algunas visitas, debieron encontrar entre los dos el antídoto para la retina distraída de ojo derecho, ya que en la iglesia de la Parroquia de la Trinidad se dieron el "si quiero" y Dª. María se fue a vivir a Tírig en donde residió hasta que por razones de su avanzada edad, precisaría ayuda personal y regresó a Castellón de La Plana con algún familiar según indicación de la tía Soledad a la que continué visitando mensualmente hasta su fallecimiento sin saber nunca más de la tía María ni del lugar de su residencia. D. Manuel Ripollés Armengot no debió estar muchos años de médico en Tírig porque en el curso práctico de biología autorizado por R.O. de 20 de noviembre de 1929 y que empezó el 23 de octubre de 1929 hasta el 11 de abril de 1930 a cargo de D. Federico Bonet Marco para la ampliación de estudios e investigaciones científicas en Madrid, me consta asistió a las 38 sesiones docentes como alumno y en el año 1933, prestaba sus servicios en el Distrito de Carabanchel Bajo en Madrid.

   En los desplazamiento comerciales de mi padre y posteriormente yo hacía lo mismo, cuando llegaba al pueblo de Tírig paraba la camioneta en la plaza y antes de visitar a los Sres. Clientes, saludaba a las dos tías, María y Soledad, accediendo a la casa por la puerta de plaza o del despacho de la farmacia que entrando a mano izquierda, la tía María tenia una habitación con la luz de la ventana de la plaza junto a una mesa camilla y encima, un radiorreceptor transistorizado de la marca Telefunken de cuatro bandas, AM, FM y dos de OC que supongo una sería la conocida como onda pesquera. A nuestra llegada e inmediatamente, la tía María llamaba a mi tía Soledad que vivía en el piso superior de la misma casa y la mujer bajaba enseguida. Los cuatro nos sentábamos en la mesita para intercambiar novedades, ¡más bien yo escuchaba! por ser el acompañante de mi padre durante el tiempo de las vacaciones. Finalmente, nos despedíamos y visitábamos los establecimientos comerciales del pueblo.

   Supongo que la tía María solo escuchaba la misma emisora en onda normal para entretenerse con las noticias y el cotilleo mientras estaba pendiente de atender a los vecinos que se acercaban para pedirle medicinas y como en cada visita observaba que me sentía atraído por su transistor de encima de la mesa, con el paso del tiempo, llegó a saber de mi afición por la electrónica de la radio y un día me comenta que le habían comprado un radiocasette que tenía ON y FM, pero en la ON, no se oía nada y en FM, Radio Costa Dorada de Ulldecona que en la frecuencia de 95 MHz. transmitía unos programas que no eran de su agrado, haciéndose imposible oír con su nueva adquisición, justamente las emisoras que estaba acostumbrada, ya que la banda del AM no funcionaba y me preguntó si yo se lo podría arreglar. Como no debía darle un no por respuesta a una tía que visitaba todos los meses del verano con mi padre y además, estaba mi honrilla juvenil en juego, acepté tomar su radiocasette y me lo llevé al pueblo para ver lo que le pasaba pero sin garantías de reparación.

   Para comprobar el correcto funcionamiento de las etapas en la construcción de un radiorreceptor, me había fabricado años antes un multivibrador. Es un muy sencillo circuito de oscilación continua a una frecuencia audible y al inyectar la señal de salida en la base de un transistor de cualquier etapa de un radiorreceptor, cuando funciona correctamente se oye un pitido en el altavoz, de tal suerte que, empezando a comprobar desde la etapa de salida y avanzando a la de entrada, es fácilmente localizable cualquier etapa averiada.

   Desmonté la tapa posterior del radiocasette de mi tía María y retirándola, tenía acceso a la placa del circuito impreso, procediendo a comprobar desde la etapa de BF hasta la entrada de antena y en cada transistor, me daba el esperado pitido en el altavoz acreditando su correcto funcionamiento hasta llegar al transistor de oscilación que no daba la adecuada respuesta sonora. Por mi falta de sapiencia, como quiera que la pieza más delicada se supone es el transistor, lo retiré de su emplazamiento desestañándolo y con el ohmímetro del voltímetro electrónico, comprobé desde sus patillas una aparente buena respuesta, por lo que la avería debía estar en otro componente y como el más débil es la bobina de oscilación, medí las tensiones eléctricas en las patillas de la misma y la avería quedaba localizada. Desoldé la caja de blindaje y vi que uno de los hilos de la bobina tenía rota la unión con la patilla de conexión a la placa base. La retiré del circuito impreso, calenté el esmalte del hilo con el soldador y estañé el hilo con la patilla, monté el conjunto, coloqué las pilas y ¡a funcionar correctamente!. El hilo de estas bobinas es de 0'03 m/m., más delgado que un pelo del cabello y por ello, es muy delicado, van encerradas en un bote metálico de 5x5 m/m. de base que les sirve de blindaje.

   Al mes siguiente, cuando debí acompañar a mi padre en sus acostumbradas visitas de representación comercial, cogimos el radiocasette de mi tía María y salimos de ruta. Por la tarde, al llegar al pueblo de Tírig, paramos a camioneta en la plaza y visitamos a las tías Soledad y María según costumbre. Nos sentamos en la mesa camilla y la tía María preguntó por su radiocasette que llevaba en una bolsa; le comenté que había hecho lo que había podido según mi sapiencia y se lo devolvía. La tía María toma el invento en sus manos, acciona el interruptor de puesta en funcionamiento y en el altavoz empieza a oírse la música de la emisora que al bajar del Land Rover antes de entrar en su casa había previamente sintonizado y emocionadas como flanes, quedaron las dos tías de Tírig por no presumir de mi honrilla personal como entendido en tales menesteres y chulearme luciendo imaginario diploma colgado en el pecho. Hablamos de la avería y de su reparación con un simple calentamiento del estaño de la punta de la patilla del soporte de la bobina con el hilo y en agradecimiento, mi tía María me preguntó si aceptaría un obsequio de su parte y le dije que no quería nada pero, insistió y acercó a la mesa un radiorreceptor valvulero que se habían comprado ella y su esposo el tío Juanito cuando se casaron, pero se lo rechacé comentando que no podía aceptar una cosa tan personal como un recuerdo de su casamiento, que no tenía que darme ni las gracias, que la reparación la hice por ser tía, que no tenía coste económico y de haberlo tenido, no importaba en absoluto. Fue entonces cuando me explicó que aquella radio no la usaba desde que compró el transistorizado de encima de la mesa camilla y ¡a quien mejor el dársela como regalo!. Entonces, comprendí ante la ausencia de su hijo Juan Manuel y entendiendo su situación personal, para que no se sintiera menospreciada, acepté encantado y me lo llevé muy agradecido.

Receptor de comunicaciones de radioaficionado.

   El valvulero de mis tíos María y Juan de Tírig tiene dos bandas, ON y OC. Lo enchufé a la luz eléctrica de 125 voltios y funciona correctamente. Conecté una antena y accioné la onda corta recorriendo el dial hasta aproximarme a la frecuencia de los 40 m. de los radioaficionados y con sumo cuidado o delicadeza, manipulo el sintonizador oyendo a unos patos mareados, lo que evidencia se trata de un gran regalo en grado superlativo. Retiro la alimentación eléctrica y los tornillos de sujeción del chasis con el mueble y los separo. A primera vista observo un incorrecto montaje de la etapa de FI. Los botes de los transformadores se han instalado colocando la válvula amplificadora de FI en el vértice del chasis, con lo que la separación entre ambos es 1'4 unidades de medida sobre la válvula y de estar cambiados, su alejamiento sería de 2 unidades, con lo que aumentando la separación, se reduce la posibilidad de cualquier indeseable interacción, por ello, los desmonté del chasis y cambié su posición en el mismo. De un condensador variable de la existencia casera, retiré algunas láminas y lo coloqué en paralelo con el original, con lo que conseguía una sintonía más fina al momento de localizar una emisión comercial o de un radioaficionado que estuviese transmitiendo. Es evidente que si la transmisión se hacía en AM, se podía oír la conversación pero, en el caso de SSB, solo se oían los patos mareados, por ello, para una correcta recepción, había que fabricar un detector de producto, pero no era cuestión de hacer gastos con una antigüedad y la solución me la facilitó mi amigo Miguel Dalmau Ibáñez de Benicarló comentándome que el Sr. Miguel Climent de Electrónica Climent, S.L. tenía unos televisores viejos para tirar al basurero y al enterarme, fui a pedirle me diera una válvula con su base para usar la lámpara en mi radiorreceptor y me cargó en la camioneta tres televisiones. Tomé un par de zócalos soporte para dos válvulas EF80 y EF184 montándolos en el chasis del radiorreceptor para instalar el circuito que me permitiese poder oír a los corresponsales que usaban la banda lateral en sus comunicaciones y también la telegrafía y como tenía más válvulas termoiónicas en existencias de los otros televisores, le añadí una ECC82 para un preamplificador de RF a la entrada, con lo que el musiquero, quedó en condiciones de uso al ser convertido en radiorreceptor de comunicaciones de aficionado aunque solo monobanda para 7 MHz.

   La banda de los 7 MHz. para los radioaficionados, es la de nadar por casa, nada que ver con la banda de los 14 MHz. que gracias a la inósfera existente entre los 100 a los 500 kilómetros de altitud causada por la radiación solar generadora de una gran concentración de electrones libres, facilita oír comunicaciones de todo el mundo por rebote de la onda radioeléctrica, pero los 40 m., solo cubre la península Ibérica y en algunas ocasiones, cuando se coincide con la máxima actividad del ciclo solar, pillar también comunicaciones de algunos italianos. Es muy emocionante porque viene a ser como una mesa de tertulia de bar, enterarte de montajes, iniciativas, tiendas de componentes electrónicos para encontrar cosas de difícil localización, experiencias fallidas y acertadas, lo que la convierte en un lugar de encuentro ameno y divertido.

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