La "frontera" aragonesa en los siglos XI y XII

"Pro defensionem chistianorum et confusionen sarracenorum"

por Philippe Sénac

   El término "frontera" hace su primera aparición a mediados del siglo XI y se mantiene durante el resto del siglos XI y todo el siglo XII en el reino de Aragón, donde la palabra desde 1059, es nueva en Ispania, al igual que en el resto del occidente cristiano según el "Mediae latinitatis lexiconminus", que proviene del latín frons-frontis y se traduce por «frente» o «parte anterior». Hasta este momento, las fuentes latinas que trataban sobre esta región empleaban el término "limes", como en el 810, cuando los Anales reales citan los «Hispanici limitis custodes».

   Investigaciones llevadas a cabo en las fuentes documentales del reino aragonés revelan que el término fue empleado varias veces en el transcurso de la reconquista, desde el reinado de Ramiro I hasta el de Pedro II el Católico entre el 1035 y 1209. No aparece en los documentos conservados de Sancho Ramírez, Pedro I, Ramiro II y Alfonso II el Casto.

   "Frontera" aparece por vez primera en el testamento de Ramiro I en julio del 1059. En él, después de haber evocado la partida de su hijo ilegítimo Sancho a «terra de mauros» y tras haber regulado su sucesión, el rey divide sus bienes muebles en tres partes, una de las cuales es atribuida al monasterio de san Juan de la Peña para el rescate de cautivos, la construcción de puentes como el de Cacabiello y finalmente, «ad castros de fronteras de mauros qui sunt pro facere», (a los castillos de frontera de moros que están por hacer).

   "Frontera" aparece dos veces más en marzo de 1061, en el segundo testamento de este monarca. Este documento muestra cómo, tras haber establecido su sucesión, el soberano divide sus bienes mobiliarios en dos partes, una de las cuales era para san Juan de la Peña, mientras la otra era destinada a sus magistros y sus barones para las obras de puentes, el rescate de los cautivos y las fortificaciones: «[...] in castellos de fronteras de mauros qui sunt per facere». Ramiro utiliza la palabra "frontera" una última vez en un documento redactado en noviembre del 1062 en Benabarre; donde otorga una franquicia a un personaje llamado Agila de la localidad de Falces en Ribagorza.

   Después de una ausencia de cuatro décadas, "frontera" reaparece en tres ocasiones durante el reinado de Alfonso I. Una primera vez en abril de 1105 en una donación hecha por el rey al abad García y al monasterio de san Juan de la Peña. El texto está escrito en la villa de Tauste a orillas del Ebro, «quando ibi tenebamus frontera», (cuando allí teníamos la frontera).

   Figura más adelante en 1124, en la concesión de una aldea, llamada Signa (Singra), hecha al mismo abad y a sus monjes. El documento está redactado en Monreal, en las tierras del Jiloca, «quando ibi tenebamus fronteram».

   El rey utiliza "frontera" poco tiempo después en septiembre del mismo año, en la promulgación de las costumbres o fueros que da a los habitantes de Tudela y de algunas localidades de la Rioja, como Cervera y Gallipienzo, al delimitar el espacio que abarca esta franquicia alrededor de Tudela y alude al río Ebro «et aliis aquiis, piscariis, molendinis, azutes, et presas in frontariis suis».

   El término “frontera” aparece una vez más en el Fuero “de frontera” dado por Ramón Berenguer IV a la ciudad de Daroca cuando en su prolegómeno dice:… En el nombre de Cristo y su Divina clemencia, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Amén....Yo Ramón, Conde de Barcelona, Príncipe y señor de la ciudad de Zaragoza y de Daroca, que está en la “frontera” con los sarracenos, hago esta Carta y confirmación a los Barones y pobladores de Daroca y les doy en Fuero que sean libres e ingenuos y tengan sus casas exentas y todos sus bienes donde quiera que los tuvieren y no paguen ni portazgo ni montazgo en tierra alguna ni en parte alguna.

   Tras un nuevo lapso de tres cuartos de siglo, "frontera" es nuevamente empleada en tiempos de Pedro II el Católico al menos tres veces a comienzos del siglo XIII, consta en 1202 en un donativo redactado en Zaragoza a instancias del obispo Ramón de Castrocol. El documento atañe a los castros de Linares y Puertomingalvo, ambos situados «in frontaria sarracenorum», al sur de Teruel. En el texto, el rey fija los términos de estos castros y le ruega al obispo que favorezca su población y puesta en valor, «ad defensionem regni mei et sarracenorum confusionem», (para defensa de mi reino y confusión de los sarracenos).

   El mismo año encontramos de nuevo esta palabra en un pergamino hecho en Calatayud que contiene la donación hecha por el monarca a Berenguer de Entenza, al que asigna el lugar de Manzanera al sur de Teruel, situado «in frontaria sarracenorum». En ella se pretende la población y la defensa de esta localidad «ad defensionem regni mei et confusionem sarracenorum».

   "Frontera" tiene una última aparición en otra donación real fechada en Tarragona en abril de 1209, que beneficia a los miembros de la Orden de Calatrava; «pro defensione christianitatis et paganorum oppressione», (para defensa de los cristianos y opresión de los paganos). Comprende los castros de Monroyo, Molinos y Ejulve en Teruel, del primero de los cuales señala que se halla en la cercanía de la «frontarie sarracenorum».

   Dos referencias concretas escapan a este corpus. Una se detecta en un documento de 1197, en el cual un templario es designado como «frater Bernardus de Clareto, comendator frontarie alfambre», es decir, de Alfambra, fortificación cedida por Alfonso II en 1174 al conde Rodrigo de Sarria, el cual creó allí la Orden Militar de Alfambra que posteriormente se incorporo al Temple. La segunda se halla en una copia del siglo XIV de la donación de Alfonso I a la abadía de Montearagón de la villa de Singra «cum illo castro». Allí se observa el uso de la expresión frontera en la frase «teneatis ibi fronteram ad honorem tocius christianitatis».

   La geografía de las menciones revela que se emplea para designar lugares muy diferentes del reino aragonés. "Frontera" es, por tanto, una palabra inestable, móvil y la cartografía de su empleo muestra que se desplaza hacia el sur a medida que progresa la reconquista aragonesa. Las primeras citas, entre el 1059 y el 1062, se refieren a regiones septentrionales del reino como las montañas de Loarre y Ribagorza; las que figuran entre 1105 y 1124 conciernen principalmente a la zona de Tauste, Tudela y tierras del Jiloca, mientras las últimas entre 1197 y 1209, tienen como fundamento el área sur de Teruel. Parece que frontera emerge en un contexto guerrero. El término pertenece al registro militar y de acuerdo con su origen latino, permanece asociado a la idea de "frente", puesto que se habla de asedios, de castillos y de servicios armados, pero nunca es utilizada con relación a los demás principados cristianos del norte de la península Ibérica. De hecho, la palabra frontera no es empleada jamás frente a Castilla, los Condados Catalanes o Navarra, lo que significa que la "creencia religiosa" es decisiva en la aplicación del concepto. Esta ausencia muestra que, en el espíritu de los monarcas, la única "frontera" es la que se halla frente a la «terra de mauros» o la «terra sarracenorum».

   Al contrario de la idea según la cual la "frontera" sería una línea que servía de límite entre dos Estados o un frente militar erizado de castillos, "frontera" designa un espacio y en siete casos sobre nueve, la palabra es introducida con la preposición "in". Así pues, la "frontera" es un organismo vivo y no se trata en modo alguno de una muralla. La "frontera" es la tierra que separa a los cristianos de los musulmanes, la zona más próxima al enemigo, un sector de equilibrio precario donde el peligro está omnipresente. En el interior de este espacio se encuentran los castillos (castellos, castros, castra), que deben ser conquistados o construidos.

   La "frontera" es asimismo un espacio de libertad y como hemos visto en 1062, el rey otorga una carta de franquicia a Agila de Falces, o en el Fuero de Daroca y en todos los demás casos observados, la colonización de la tierra y la construcción o la vigilancia de fortificaciones están ligadas a la concesión de libertades o privilegios. La "frontera" reduce la servidumbre y ésta ventaja jurídica atrae a los hombres. Es un espacio que está fuertemente militarizado: ocho textos sobre nueve se refieren a la erección de castillos destinados a servir de defensas, de bases operativas para ataques y de polos de sedentarización de los hombres. Tierra de castillos, la "frontera" es también un espacio atractivo, pionero, destinado a ser ocupado por los "populatores". Es un espacio de poblamiento privilegiado, en el cual, el grado de ocupación del suelo garantiza la estabilidad, como si los hombres sirvieran por sí mismos de barrera contra el enemigo. Estos habitantes residen allí «pro defensionem christianorum et confusionem sarracenorum». El peligro es mayor que en la retaguardia, lo que justifica la importancia atribuida al oficio de las armas, como lo expresa Ramiro I en 1062: «[...] quomodo homine debet esse in frontera, francho et caballero», (el hombre de frontera debe ser franco y caballero).

   Más allá del siglo XIII el término se vuelve más corriente y se utilizará más adelante en la delimitación de territorios cristianos: así, en el siglo XIV Alcañiz en el Bajo Aragón, será denominado Alcañiz de la Frontera. La palabra se ha hecho pacífica, las regiones situadas en la retaguardia de las zona de combates son denominadas como "extremadura". Así, en 1184, tras haber ocupado el castrum de Alcalá (Alcala de la Selva), Alfonso se refiere a este lugar como «in extremo est sarracenorum». La verdadera "frontera" estaba más allá, era la que separaba a los cristianos de los musulmanes.

   Parece además, que la palabra "frontera" es utilizada exclusivamente por el soberano en documentos que proceden de su Cancillería, así, ninguna otra entidad eclesiástica o laica lo utiliza, con excepción de un escribano de la Orden del Temple que califica a Bernard de Claret como "comendator frontarie" en 1197. En este sentido, la aparición y uso del término nos ilustran sobre la conciencia que el rey tiene de su reino, el término no tiene valor administrativo alguno y no apunta a ninguna realidad diplomática o institucional. Nunca hubo un acuerdo que estipulase una delimitación entre el reino aragonés y las tierras andalusíes. "Frontera" no fue utilizado para definir los límites del reino, sino únicamente para designar la zona de combates contra los musulmanes. En la intención de los soberanos, era únicamente una etapa provisional y no es un azar, si bien, el primer testamento de Ramiro I en el 1059, menciona puentes, cuya construcción simboliza el paso y el avance de un reino en marcha. En consecuencia, en el Aragón de los siglos XI y XII la "frontera" fue la negación misma de la idea de límite, a diferencia del concepto de demarcación limítrofe que parecería instaurar la repetida alusión a castillos, el monarca no utiliza nunca "frontera" en este sentido, puesto que la expansión cristiana....... querida por Dios..., no podía tener límites...

  Philippe Sénac, historiador, Universidad de Toulouse.

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