Viaje a Roma
por Vicente Cárcel Ortí
Fue en el verano del 2000 cuando comencé a venir a Xert todos los años durante el mes de agosto. Anteriormente había venido en varias ocasiones, sobre todo cuando estaba mi madre y, tras su fallecimiento en 1996, vine varias veces. Pero fue en el 2000 cuando mis hermanos - Mila y Juan - me pidieron que pasara con ellos aquí el mes más caluroso del año, que además coincide con las fiestas en honor de la de la Mare de Déu d'Agost y Sant Roc.
Para mí fue una ocasión única para huir de los calores asfixiantes de Valencia donde solía yo pasar el mes de vacaciones que me permitía mi trabajo en el Vaticano, alejado de los ruidos y jaleos de Roma, una ciudad espléndida - en mi opinión, la más bonita del mundo - pero, al mismo tiempo, caótica, incómoda y complicada debido al intenso tráfico, las sirenas constantes, los servicios de transportes deficientes, la limpieza urbana que deja mucho que desear, el incómodo adoquinado de calles, plazas y aceras, etc. Todo ello produce como una sensación de abandono y suciedad en una ciudad en la que el Ayuntamiento recauda cantidades inmensas dadas la tasa impuesta a los turistas por cada noche que pasan en hoteles, pensiones o residencias varias.
Aunque yo me considero afortunado porque vivo en el Pontificio Colegio Español, que es una residencia para jóvenes sacerdotes españoles e hispanoamericanos que frecuentan las universidades pontificias romanas. Se trata de un lugar realmente privilegiado porque está a tres kilómetros apenas del Vaticano, junto a un gran parque público, llamado la Villa Carpegna y muy cerca de otro mucho mayor, llamado la Villa Doria Pamphilia. Ambas son lugares excelentes abiertos al público, con su variada vegetación, y pequeños lagos, en el que los estudiantes hacen frecuentemente deporte. Un lugar lleno de luz y de sol, que yo he aprovechado siempre para los ratos de relajamiento tras horas de trabajo y estudio.
Por todo esto, mi impacto con Xert fue desde el principio muy positivo pues descubrí lo que yo deseaba, es decir, disfrutar del valor de la naturaleza alejado del "mundanal ruido", buscando el descanso del cuerpo y del alma después del curso repleto de actividades en el Vaticano, donde trabajé casi cuarenta años al servicio de cuatro papas - Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI - Y después de mi jubilación, centrado exclusivamente en mis investigaciones históricas en el Archivo y Biblioteca, llamados apostólicos, situados dentro de la Ciudad del Vaticano. La tarea de estudiar e investigar, aunque se realice con mucho gusto porque se trata de una gran vocación, llega un momento que cansa, porque el trabajo intelectual llega en algunas ocasiones a ser agotador.
![]() Viatge a Roma l'any 2009, amb motiu deis 25 anys del Patronat pro Restauració de l'Església Vella de Xert. |
La forma de equilibrarme material y espiritualmente la encontré en mis largos paseos a los lugares más emblemáticos cercanos al pueblo, como son la fuente del Molinar y sobre todo la Mola, a la que subí varios años, llegando en alguna ocasión hasta la Font de l'Albi y a la ermita de Sant Marc, y ampliando alguna vez mi recorrido hasta la cima del monte donde están las antenas de Televisión y dando la vuelta por la carretera de Canet.
Todos estos paseos los pude hacer durante muchos años. Últimamente me limito a una ruta más cercana como es el camino del Cementerio y después hasta el Regall, porque a mis 84 años las piernas empiezan a notar el cansancio natural.
El recuerdo más vivo es el de la Mola, pues desde ella se domina un panorama espléndido con el pueblo al fondo y allí pasé buenos ratos disfrutando del silencio, escuchando música y oyendo el cantar de los pájaros. El lugar ideal para relajarse en soledad y ocasión propicia para proyectar y preparar futuros trabajos e investigaciones, así como para hacer balance de lo realizado.
La presencia en Xert durante el mes de agosto incluía la participación inevitable en las fiestas patronales de la Mare de Déu d'Agost y Sant Roc, que he presidido casi todos los años en las misas y procesiones de ambos días con gran participación de la gente del pueblo y de algunos venidos de fuera. Me gusta recordar la parte musical del Coro parroquial en la iglesia nueva y de la Coral "Sant Marc" en la iglesia Vella, que contribuye a dar realce a la celebración litúrgica, lo mismo que la Banda "Unió Musical Xertolina", con interpretaciones antes y después de cada acto religioso.
En este sentido he de destacar también la presencia significativa en dichos actos de la Reina de las Fiestas y su Corte de Honor, así como del mantenedor correspondiente y de los alcaldes - ahora alcaldesa - y de la Corporación Municipal. Con ello, e invitado por ellos, he tenido el gusto de participar tras la procesión del 15 de agosto en la "picaeta" en el bar correspondiente. Con esto quedaba cumplida mi participación en los festejos populares, ya que he procurado alejarme de todos los demás precisamente porque busco tranquilidad y silencio para reponer fuerzas de cara al curso siguiente que me espera en Roma.
Al hablar de la fiesta de Sant Roc me gusta recordar que la he presidido casi todos los años en la Església Vella y durante la homilía he recordado, además de la figura de un santo tan popular, el significado del templo, que ha ido mejorando años tras año, después de cuatro décadas de intensa restauración material.
Justamente este año se cumplen cuarenta desde que en 1984 un grupo de jóvenes voluntarios, bajo la iniciativa del historiador Joan Micó, emprendieron la ambiciosa tarea de recuperar el monumento más emblemático de Xert, que se hallaba en estado de abandono casi total y hoy es motivo de legítimo orgullo para toda la población, pues cada año se enriquece con nuevos elementos artísticos procedentes de donaciones varias y, por último, del órgano, que se inaugura este año.
Todo esto ha sido posible gracias a la fundación del "Patronat Pro-Restauració de l'Església Vella de Xert", que fue aprobado por el Obispo de Tortosa y preside el Párroco de Xert. Precisamente, en 2009, cuando se cumplían los 25 años de su fundación, el Patronat organizó un viaje a Roma en el que participaron unas cuarenta personas del pueblo y tuve el gusto de acompañarles en la visita a la Basílica Vaticana y después en la audiencia general con el Papa Benedicto XVI, en la que el nombre de Xert resonó en la plaza de San Pedro entre las columnatas de Bernini, cuando fue leída la lista de los grupos participantes en la audiencia papal.
No quiero terminar sin dedicar unas palabras de recuerdo agradecido al fallecido Mosén Tomás, que fue el párroco que me acogió con mucho afecto y cordialidad. Con él pude hacer algunas excursiones, en concreto a su pueblo natal de Cinctorres, a Forcall y a Morella y también al santuario de la Virgen de los Angeles de San Mateo.
En él descubrí a una gran persona y a un gran sacerdote, que quería mucho a sus feligreses y que era igualmente correspondido por ellos, por su profunda espiritualidad, humildad, sencillez en el trato y disponibilidad para atender con discreción y prudencia a cuantos solicitaban su ayuda, por ello, su recuerdo sigue vivo entre las gentes de Xert.
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